Reseña de “Psicoanálisis y arte de ingenio. De Cervantes a María Zambrano” en la revista Lectora, por Neus Carbonell
Os ofrecemos el artículo que Neus Carbonell, colaboradora y miembro del consejo de redacción de la revista Lectora. Revista de Dones i Textualitat, ha escrito sobre nuestra publicación Psicoanálisis y arte de ingenio. De Cervantes a María Zambrano, de Erminia Macola y Adone Brandalise.
Psicoanálisis y arte de ingenio.
De Cervantes a María Zambrano
Erminia Macola & Adone Brandalise
Málaga, Miguel Gómez Ediciones, 2004
Nos encontramos hoy aquí animados y animadas por el deseo: puesto que es siempre el deseo lo que hace posible el lazo social, como nos enseña el psicoanálisis de Jacques Lacan. Animados por el deseo, Erminia Macola y Adone Brandalise escribieron su libro El psicoanálisis y arte de ingenio sobre el encuentro entre psicoanálisis y literatura, del que hablan del siguiente modo: “El encuentro entre literatura y psicoanálisis no se produce, pues, entre un aparato de técnicas interpretativas y un conjunto de objetos,sino entre los deseos que operan en el corazón de prácticas intrínsecamente infinitas”.
Efectivamente, ¿Cómo entender el cruce entre el psicoanálisis y la literatura? ¿Es el psicoanálisis una teoría literaria entre las muchas que han florecido en las últimas décadas? Sin duda, en los programas de teoría literaria, el psicoanálisis aparece en serie con los movimientos postestructuralistas: deconstrucción, feminismo, postcolonialismo. Y es así que aparece como una hermenéutica del texto, como un aparato que da cuenta del sentido. Es cierto también que el postestructuralismo ha puesto en cuestión precisamente el sentido, principalmente la posibilidad de fijarlo, en último término, de dar cuenta de él. Pero el resultado de este cuestionamiento ha consistido, paradójicamente, en la proliferación de prácticas de sentido. Si por un lado, la crítica literaria se ha visto liberada de “la” interpretación única y verdadera, por otro han florecido “las” interpretaciones. Una verdadera “aguja de marear”, aunque no como la que presentan Macola y Brandalise. Ustedes saben cómo a los estudiantes de literatura les damos ejercicios que consisten en hacer una lectura feminista, derridiana, psicoanalítica… de un texto. Sin embargo, no parece ser éste el propósito del libro que hoy aquí nos convoca. Ya nos lo advierten sus autores, la aguja de marear va a ser otra.
Así nos dicen: Nuestro modo de laborar a lo largo de las páginas del presente volumen no quisiera alejarse del lugar producido por este acuerdo entre razones íntimas y decisivas en las que psicoanálisis y literatura más que confundirse se entrecruzan, abriendo hacia una manifestación más pura del deseo que allí insiste.
¿Cómo podemos entender esta sugerente declaración de intenciones? Si nos volvemos hacia la enseñanza de Lacan, comprobamos que son muchas las ocasiones en que el psicoanalista usa la literatura, como también la filosofía, la lingüística, la antropología, es decir, las ciencias del lenguaje, las ciencias humanas, que son las ciencias del “sujeto” y que tan difícil lo tienen en los tiempos actuales, de la hegemonía de la tecnociencia y del mercado. Lacan recurre a la literatura pero, como ya señalan Macola y Brandalise, no para hacer psicoanálisis aplicado, es decir para interpretar el texto literario con las “teorías psicoanalíticas”, sino para aprender del texto artístico, para explicar con el texto literario la clínica psicoanalítica, que es siempre una clínica del sujeto (por tanto del ser que habla). De este modo, Lacan se acerca a los textos literarios buscando en ellos saber y verdad. Buscando qué tienen ellos que decirnos sobre lo que para el psicoanálisis es lo más verdadero del sujeto: su síntoma, allí donde se esconde la verdad del ser. En este sentido, Lacan nunca usa los textos para psicoanalizar a sus autores. Así, aunque dedica todo un seminario de su enseñanza a James Joyce no lo psicoanaliza, sino que aprende a través de su obra mucho sobre el uso de la letra, por ejemplo, sobre el síntoma y sobre la psicosis. Joyce enseña a Lacan quien no se erige como amo y dueño de la verdad, sino que se sitúa frente al texto literario en posición de“analizante” que con la palabra elabora saber a partir de su deseo. Esta es la hermosa lección que Jacques Lacan lega a los que amamos el texto literario y a los que nos sentimos mordidos por el deseo del psicoanálisis. Y quizá debería decir que más que una lección es una causa, la causa del deseo que ha puesto a trabajar a Macola y Brandalise en este denso y espléndido trabajo, que hoy me honra presentar.
Es, sin duda, un libro para quien quiere profundizar en la relación del psicoanálisis con la letra. Y para quien quiera aprender de psicoanálisis y de literatura. Su título nos resulta profundamente sugerente. Psicoanálisis y arte de ingenio, en paralelo con el texto de Baltasar Gracián “Agudeza y arte de ingenio” y no deberíamos obviar que Psicoanálisis se escribe palimsésticamente sobre la agudeza. Pero, sin duda, el texto de Gracián hace del arte de ingenio un tratado sobre la producción significante y el significado como un efecto del significante. Éste es el espíritu con el que se inscribe el libro de Macola y Brandalise. En realidad, vemos como esto se convierte en el hilo conductor los análisis de las obras literarias estudiadas, puesto que todos los capítulos abordan desde ángulos diversos los efectos del significante sobre el ser. Efectivamente, cada uno de ellos va ahondar en un aspecto de la complejísima relación entre ser y significante, así el libro adquiere una suerte de forma calidoscópica.
Extrema iniciación. Sobre la primera salida de Don Quijote
El libro se abre con Don Quijote, que es un enfermo de la palabra, como somos todos los humanos, ya que lo mejor que nos puede pasar es que enfermemos del significante y que busquemos sanarnos con el significante también, al fin y al cabo esta es la propuesta del psicoanálisis. “Don Quijote recrea las cosas con el poder de la palabra”. Es así que la palabra es un motor de vida. Quisiera resaltar una afirmación que me ha parecido particularmente sorprendente y hermosísima, en estos tiempos. Escriben Macola y Brandalise: “Su locura atenúa el malestar en la cultura” (19). Para ello atenúa las reglas, bien distinto a nuestro momento en que no parecemos saber hacer frente al malestar en la cultura más que redoblando el valor de las reglas. He leído este capítulo como un llamado a Don Quijote, a ser un poco locos, un poco quijotes y más lectores, sin duda. Quijote es un creador, afirman Macola y Brandalise, aunque se vuelva loco sin causa. Crea no sólo a partir de la lectura, sino también de la escritura. Puesto que son recíprocas, una no va sin la otra. Así, pues, el primer capítulo nos sitúa en una tesis: el poder de la palabra, de la lectura y de la escritura y su indisociable condición de subjetiva, en el sentido que el significante produce el sujeto: existimos porque hablamos, con todas las consecuencias que tiene la palabra.
El manifiesto de Marcela. Sabotaje de la retórica
El segundo capítulo está dedicado al episodio de la pastora Marcela. Es un capítulo sobre la comedia de los sexos. El psicoanálisis nos enseña que una de las consecuencias de la palabra, que hace un momento mencionaba, es la sexualidad humana. Es porque hablamos que somos seres sexuados. De manera que no hay nada natural en la sexuación, ni nada que dirija de manera natural un ser (sea del sexo que sea) a otro. Por eso dice Lacan que la sexualidad es un malentendido: el amor es un gran, un genial, malentendido que puede llevar a la humanidad a grandes gestas, a magníficas creaciones.
Así es que de nuevo encontramos en este capítulo una exploración de la relación entre el sujeto y el lenguaje. Pero esta vez por medio del episodio cervantino. Marcela es una mujer que rechaza a Crisóstomo (boca de oro) y que rechaza la palabra, porque quiere quedar más allá de ella. Esta especie de página en blanco que Marcela escribe, se puede entender no sólo como un malentendido entre los sexos, sino también como una afirmación de aquello de la feminidad que no puede ser subsumido por el significante ni apresado por él. Es decir aquello acerca de lo femenino que la palabra no alcanza a decir, pero que sólo por la palabra podemos suponer que existe.
En el apartado “feminidad” los autores consideran como se puede interpretar la feminidad de muy diversas manera, pero cada una de ellas es la mascarada que vela un vacío. La originalidad de Cervantes es presentificar este vacío haciendo salir a Marcela de escena. De manera que Marcela “se sustrae a las figuras codificadas de lo femenino”.
El licenciado Vidriera. En torno a la fragilidad de los puntos de vista
En este capítulo el lector se adentra en los caminos del delirio cuya importancia radica en que se trata de un significado que reorganiza el mundo. La novela constituye un ejercicio metafórico acerca del delirio”. El análisis subraya la fuerza creativa del delirio.. Así “El licenciado” también es una metáfora del escritor. La locura lo empuja a la relación con la palabra, las letras (es jurista, letrado) mientras que cuando está cuerdo es militar.
Amar por ver amar. Juegos de transferencia en El perro del hortelano
Podríamos enlazar este capítulo con el dedicado a Marcela, puesto que se aborda desde otro ángulo la relación entre los sexos y la cuestión de la feminidad. Se trata de la histeria, es decir, de la mujer que sólo puede amar a través de otra mujer. En este caso por los celos: “El hombre sirve de relevo a la mujer para que se convierta en otra para si misma”, afirma Lacan. En la relación sexual, la mujer es siempre Otra, otra para si misma, pero a veces ello entraña una dificultad tal que una mujer puede encontrar como único recurso buscar a otra mujer y así introducir la otredad en la relación con el hombre.
El análisis de la comedia de Lope de Vega, se aborda como un análisis de una posible solución al malentendido estructural entre los sexos. Pero a diferencia de Marcela, en que Cervantes parece resistirse a “resolver” el malentendido, Lope de Vega opta por un final feliz. Un acuerdo entre el deseo de los protagonistas y el medio social (muy distinto al deseo de Antígona). Para los autores se trata de la eficacia al precio de la verdad.
Tomar al pie de la letra. Utilidad y daño
Resulta un capítulo extremadamente estimulante puesto que los autores presentan la anorexia y la mística como experiencias límite de la palabra.
Así, sostienen que se trata de la experiencia de un goce que tras-pasa la palabra. Pero hay una diferencia. En las místicas hay una experiencia del Otro radical: el Otro divino, que es el lugar del goce, del goce Otro. Mientras que en la anorexia hay un cerrarse sobre el cuerpo propio. En la mística hay una letra “gozada” no interpretada, “letra practicada”. En la anorexia se quiere llegar al “cuerpo cero” un cuerpo sin carne, como “un libro cerrado”.
Finalmente, la anorexia moderna conduce a la negación de la letra. Es decir, dos manera muy distintas de hacer con los límites de la palabra.
Lacan sostuvo que gozamos porque hablamos. El goce, naturalmente, implica siempre al cuerpo. Mística y anorexia son dos experiencias límites del goce y del cuerpo. Macola y Brandalise las presentan con sus puntos de encuentro pero, finalmente, con lo que las separa radicalmente. Y aquello que las separa tiene que ver, justamente, con una relación con la letra más allá del significante: la letra gozada (mística) la letra cerrada (anorexia).
La razón de Antígona y su voz (y sus voces)
Esta es a mi modo de ver la sección del libro más densa. Lo creo así porque la lectura de Antígona es tomada como la lectura de un palimsesto. En este capítulo encontramos sin duda el texto clásico, pero también el texto freudiano, el texto de María Zambrano y el texto lacaniano, todos ellos leídos intertextualmente. Subrayar que los autores parten de la premisa que aunque en el siglo XX la literatura vuelve sus ojos a Antígona, a menudo por su contenido político, Zambrano va más allá. Lo que se pone en juego es la feminidad, la maternidad, el orden de la ciudad, el padre. Esta lectura de la Antígona de María Zambrano (condicionadas por la guerra civil), permite enlazar a los autores directamente con el texto lacaniano. Antígona representa para Zambrano una posición política, ni totalmente fuera de la ciudad, ni totalmente dentro. Ocupa un lugar intersticial. Esta lectura me ha evocado el lugar que Lacan otorga a Sócrates, un lugar“atópico” dirá Lacan a propósito de Sócrates, es decir, no tiene lugar porque va contracorriente y quien va contracorriente no se encuentra dentro de lo que impone el vínculo social. Sin duda, Antígona comparte este rasgo. Y constituye todo un acto ético situarse en ese lugar. Este capítulo me sugería a mi pensar qué Antígonas y qué Sócrates para nuestra sociedad. En todo caso, este capítulo hace así de bisagra entre la primera parte del libro y la segunda, dedicada íntegramente al análisis del texto lacaniano.
Lacan al pie de la letra
Lacan Gracián: psicoanálisis manualResigue las referencias de Lacan a Gracián a lo largo de su enseñanza. Es un claro ejemplo de cómo Lacan recurre a la literatura para explicar el sujeto, la relación analítica y el lugar del analista. Cabe subrayar la importancia del lenguaje: el psicoanálisis es una experiencia fundada en el lenguaje. Para Lacan el ser humano se humaniza por efecto del significante, y para explicarlo hace referencias a la obra de Baltasar Gracián. Por ejemplo, para analizar la relación con la verdad que, como dice Gracián, es coja y siempre llega tarde. Y a partir de la relación con la verdad también con el lugar del analista. El analista en la cura debe pasar de hacer semblante de amo a ocupar el lugar del santo, el lugar de un vacío. Ello lo distingue del amo. “Santo, sabio y sano”, dice Gracián, y así sería el psicoanalista según Lacan. Aquel que ha conseguido vaciarse de goce en su lugar de analista, atravesado por el deseo.
Hacia un bestiario lacaniano
Este último capítulo resigue las referencias de Lacan a los animales en su enseñanza. Me ha sugerido que el uso de Lacan de los animales podría evocar los bestiarios literarios. Ello nos aclara porqué aparece este capítulo en un libro sobre literatura. Casi a modo de fábulas, Lacan recurre a ejemplos del mundo animal, no como lo haría un conductista, sino como lo haría un sabio, un filósofo, un literato. Lo encontramos así en el precioso ejemplo de las golondrinas de mar que se intercambian un pez del pico. Si bien para un observador ello puede ser entendido como un signo, Lacan subraya la diferencia con la palabra, puesto que como dicen los autores, la palabra “en su evanescencia ofrece al símbolo la posibilidad de permanecer en forma de concepto”.
Bien distinto al uso de la psicología llamada científica, Lacan parte de la premisa fundamental del lenguaje y de la relación de los humanos con el lenguaje. En la psicología científica (como en casi toda la ciencia contemporánea) desaparece el sujeto, que es el sujeto del inconsciente y de la palabra, y el individuo se encuentra reducido a una suerte de código genético.
Este último capítulo es, pues, una reivindicación del sujeto de la palabra, y, en última instancia, de la literatura. Un sujeto que enloquece porque habla y porque lee. No un animal cuya locura está determinada por un desarreglo de las sinapsis neuronales.
En fin, este breve recorrido ha tenido como objetivo presentarles a ustedes un libro animado por el deseo de la letra, atravesado por él. Un libro para los “heridos por la letra”, lletraferits, como se dice en un catalán, quizá ya de otra época. Ojalá que la letra continúe hiriendo a los humanos. Este libro, así lo creo, contribuye a ello.
Neus Carbonell
Universitat Oberta de Catalunya

