Presentación de “La política de las cosas”. Madrid 31 de enero de 2008

Presentación de la política de las cosas

Presentación de la política de las cosas

Os dejamos la reseña de Mirta García Iglesias y unas imágenes de la presentación de La política de las cosas de Jean-Claude Milner, que tuvo lugar el pasado día 31 en la nueva sede de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis de Madrid.
En dicha presentación intervinieron:

Carlos Fernández. Profesor de filosofía de la Universidad Complutense de Madrid
Mirta García. Psicoanalista Directora Biblioteca Sede Madrid ELP
María Navarro. Psicoanalista y editora MGE.
Jesús Ambel. Psicoanalista y traductor del texto.

El 31 de enero se presentó en la Biblioteca del Campo Freudiano de Madrid, el libro La Política de las cosas de Jean-Claude Milner. La presentación del mismo estuvo a cargo de Carlos Fernández Liria, profesor de filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, María Navarro, psicoanalista y editora de Miguel Gómez Ediciones y Jesús Ambel, psicoanalista, Director de la Biblioteca de Granada y traductor del texto. Coordinó el encuentro Mirta García, psicoanalista y Directora de la Biblioteca del Campo Freudiano de Madrid.

Mirta García dió apertura a las intervenciones de los participantes, dedicando unas palabras a Jean-Claude Milner y recordando los textos del autor que están traducidos al castellano. En relación a La Política de las cosas comentó que es un texto breve, de lectura fácilmente abordable, pero no por ello deja de tener toda su trascendencia, rigor y precisión. Reflexiona en esta obra sobre la evaluación y son numerosos los significantes que resuenan a lo largo de su desarrollo teórico. Domesticación generalizada, obediencia generalizada, medicación generalizada, el papel que desempeña la democracia, de donde precisamente surge políticamente la evaluación, ya que históricamente procede del mundo anglosajón y de la economía de mercado y cómo a través de ella se ejerce el control en su estado más puro, el lugar que ocupa Europa, la infinita diferencia entre la Europa prometida y la Europa realizada, el papel de la política y los políticos.

Es la época de las tecnociencias, de la caída de las grandes ideas que organizaban el mundo, donde no hay líderes a quien seguir, donde el camino no está marcado por nadie, sino precisamente por la realidad de las cosas, esta es la hipótesis del autor. La política de las cosas es la que impera.

Ya Hanna Arendt entre otros, nos advertía en 1958 en su obra La condición humana que la uniformidad estadística no es en modo alguno un ideal científico inofensivo, sino el ideal político de una sociedad que sumergida en la rutina del vivir cotidiano, se halla en paz con la perspectiva científica inherente a su propia existencia. Las ciencias del comportamiento apuntan a reducir al hombre en todas sus actividades al nivel de un animal de conducta condicionada.

En diciembre pasado leíamos en la prensa un artículo de José María Ridao titulado Nostalgia de la política donde el autor en uno de sus párrafos nos decía que los partidos ya no se proponen atraer a los lectores hacia un programa, sino elaborar un programa a la medida de los electores. Lo podemos comprobar en estos días que estamos en plena campaña pre-electoral, donde parece que nos convocan a una subasta competitiva, a ver quién es capaz de ofrecer más, donde los análisis sociológicos o las simples encuestas han ocupado el lugar de las ideas políticas.

Freud ya había establecido una relación entre el psicoanálisis, la política y la educación, designando a las tres, como tres profesiones imposibles, no porque no se ejerzan, sino porque las mismas comparten una imposibilidad estructural. El efecto político como la interpretación psicoanalítica se mide por las consecuencias. Y es precisamente por esta imposibilidad de medir el sufrimiento que tiene que ver con la singularidad de la pulsión y el goce particular de cada sujeto, donde la evaluación no podrá ejercer un juicio favorable sobre el psicoanálisis.

María Navarro comenzó su alocución haciendo referencia a cómo se gestó la idea de publicar este libro. Surge a partir de una propuesta de Judith Miller en las pasadas Jornadas Nacionales de la Escuela celebradas en Málaga. Es un texto que sorprende por su claridad y lo podemos ubicar en paralelo con el texto anterior escrito por el autor en colaboración con Jacques-Alain Miller, ¿Desea usted ser evaluado? Ambos textos son intentos de dar respuestas a la enmienda Accoyer.

Milner manifiesta que las cosas deben seguir manteniendo sus misterios, sus opacidades, habla del secreto que sería el espacio que daría lugar al sujeto de la pérdida y del sufrimiento; frente a la evaluación-control como factor de una política que garantiza la transparencia y la eficacia del individuo, similar a una máquina y es propia como todos ustedes conocen, de los soportes de la psicología cognitiva.

A María Navarro este texto le interesaba como sujeto, como psicoanalista y como editora. A nivel personal lo quería publicar para el lector de lengua española, como muchos otros libros de la colección Itaca que apuntan siempre a un más de verdad que de mercado.

En La Política de las cosas, uno va asistiendo a un enorme despropósito que es la creencia de que el individuo, con el rigor necesario, con un semblante científico del control pudiera manejar el pensamiento, es una lógica que en aras del bien y la igualdad logra un índice de totalidad y felicidad en el sujeto, y sin embargo desemboca en última instancia, a lo que resuena como una nueva forma de campo de concentración. Introduce el autor una reflexión que testimonia el mecanismo implícito en estos discursos que garantizan la posibilidad de la totalidad y que en este nuevo siglo que comienza vuelve real el que las cosas gobiernen sustituyendo a las pobres acciones de los hombres. El sujeto mismo, en tanto igualitario, en tanto cosa, es sustituible, es ya objeto y cosa de la evaluación y la domesticación para la eficacia generalizada. La intromisión del Estado en los aspectos más íntimos de los sujetos, nosotros que nos dedicamos a la clínica, sabemos que es bienvenida por muchísimos usuarios. Los sujetos empiezan a considerar, por esta manipulación del Estado; el sufrimiento como algo injusto que ha de ser remediado y colmado por el otro. Confundiendo la ley con la igualdad, ya sea para el liberalismo económico más inflexible o para las almas más tiernas: la evaluación sirve para todo, salvo para la evaluación misma que se constituye en excepción dando lugar a una estructura sin capitón.

La evaluación reuniría a la gente alienándola ante el significante, en una serie en que cada parcela del saber, de la salud fisiológica, mental, me atrevo a decir del amor, tendrá su especialización o no tendrá lugar alguno. Por eso hablamos del asedio que sufre el psicoanálisis, porque en un discurso así formulado, no hay lugar para el sujeto y menos del inconsciente que es con lo que nosotros trabajamos.

Jesús Ambel comenzó diciendo que este es el primer acto que se realiza de la presentación de este libro en España. Es un libro político, pensando no en los psicoanalistas, sino para gente de fuera. Un libro en principio para los intelectuales, para la opinión esclarecida de cada lugar, no sólo para el campo psi, la política del síntoma en psicoanálisis no se puede reducir al campo psi, sino que debe ser dirigida al ciudadano con alto nivel de exigencia democrática, es a ese interlocutor al que se dirige Milner en este libro. Se dirige al sujeto contemporáneo.

Relató que al no ser él un traductor profesional, en un momento dado le surge inquietud al encarar la traducción del texto, porque a pesar de que le habían comentado que tenía un estilo muy difícil, particularmente no hallaba dificultad. Se encontró ante un texto que hacía un análisis concreto de una situación concreta. Y halló, numerosas frases, múltiples frases, tales como, “no es necesario ser muchos cuando las minorías importan”, “la inmunda moral del sacrificio de sí” que es una definición preciosa de lo que es el super-yo. “Combatir una injusticia está bien, combatir lo que la hace posible es mejor”, “el enfrentamiento instruye”, “el caso es la forma discursiva de lo individual”, “sólo el derecho al secreto asegura la desconexión entre lo singular y lo colectivo”, “sólo las libertades e igualdades formales tocan lo real”. Frases con argumentaciones contundentes y enlazadas unas con otras. Hay además un empleo virtuoso de los signos de puntuación, ya que Milner es semiólogo.

Leyendo un artículo de Michel Torte que se llama La interpretación encuentra una frase de Canguilème que dice: “trabajar un concepto es hacer variar su extensión y comprensión, generalizarlo mediante la incorporación de rasgos de excepción, exportarlo fuera de su región de origen, tomarlo como modelo o a la inversa, buscarle un modelo”. Y el libro La Política de las cosas es precisamente lo que nos dice Canguilème en esta frase.

Y surge entonces la pregunta acerca de si lo que ocurre en Francia, está pasando también aquí, en España. Indudablemente que sí, pero aquí con más crudeza porque son impunes y no contamos con un colectivo que aglutine al campo psi. Los intelectuales en Francia no son lo mismo que en España. Aquí estamos con el viejo recurso humanista que sustenta justamente una política de evaluación, forma parte de ella. El humanismo democrático de nuevo cuño, lo que Milner llama el humanismo de los grandes espacios políticos y sociales está por construirse. Y es por eso precisamente que este libro que hoy presentamos, tiene efectos de despertar.

Carlos Fernández Liria inició su presentación no exento de humor y explicando el porqué de su mal humor. Al llegar a la página doce de este libro, encontró una respuesta. El libro comienza diciendo “la evaluación no es una palabra, es una consigna”, efectivamente es una consigna que nos concierne a todos. Estamos siendo todos evaluados. En la enseñanza que es de donde él proviene, son numerosas las agencias de evaluación que están evaluando a los profesores. Y ante su estupor, comprueba que mientras todo se va evaluando, también todo se va destruyendo.

Efectivamente como dice Milner, la iglesia de Inglaterra se propone evaluar a sus párrocos y uno se pregunta si un cura anglicano, será evaluado por la pureza de su doctrina o a partir del número de personas que van a misa. Está ocurriendo en la enseñanza, donde uno también se pregunta si nos evalúan por el número de alumnos que asiste a nuestras clases, pero sobre todo por la capacidad de atraer financiación privada, es decir, la capacidad de prostituirnos a ciertos proyectos empresariales que puedan utilizar nuestro proyecto de investigación, nuestros becarios; proyectos que sean rentables para algún laboratorio farmacéutico, algún banco, etc. Dentro de cincuenta años estaremos luchando por conseguir conquistar de nuevo, lo que ahora nos están quitando en pocos meses. La facultad de Filosofía no tiene cabida en este mundo de evaluaciones, administrado por las cosas y no por los hablantes y ciudadanos.

Se evalúa el campo psi, la justicia, la enseñanza, la sanidad, la calidad de los tomates…. y es curioso, desde que los tomates son de calidad, han dejado de saber a tomates, son todos de calidad, exactamente iguales. A nivel de la agricultura, se extirpan especies enteras que han costado años y años de trabajo. Y desaparecen especies de tomates, de pepinos, de psicoanalistas, de profesores, etc. Es la extinción de las especies y la sustitución por especies de calidad. Todo se pone patas arriba y uno se pregunta qué demonios está ocurriendo y quién evalúa, porqué se evalúa todo y quién está detrás de este interés por evaluar. Los que evalúan son siempre expertos externos, que sustituyen a lo que podríamos llamar la evaluación interna, a los criterios internos de evaluación. Y nos preguntamos cuál es el criterio interno de una disciplina, pues es la disciplina misma, la historia de la disciplina.

Teniendo en cuenta esta evaluación interna, podríamos decir que existen dos discursos que no están del todo mal hechos, la ciencia, la física, la matemática, la historia, la psicología; la comunidad científica en definitiva y por otra parte, el derecho, los juristas. Creo que dentro del derecho y la ciencia hay progreso. Y es sencillamente porque tienen criterios internos de evaluación, estas disciplinas se autorregulan, sin necesidad de ser evaluadas por una agencia externa. La evaluación externa es una interferencia y desde hace cinco años veo que se están cayendo facultades, departamentos, proyectos de investigación. Una frase de Galbraith formulada en los años 80: “la revolución de los ricos contra los pobres.” caracterizaría lo que está en el fondo de todo esto. Era la época de Reagan, Tatcher. Había que descoyuntar por completo todas las estructuras sociales, minar las instituciones democráticas, y para ello eran necesarios los evaluadores.

El libro de Michel Éliard El fin de la escuela me ha recordado mucho a La política de las cosas. Nos revela los planes de la patronal francesa desde los años 60, regular a base de introducir regulaciones externas por medio de agencias de evaluación. Desde 1970 se estaban haciendo planes para desmantelar por completo la estructura académica y científica de la enseñanza, también la estructura interna de los aparatos de justicia que se intentó con el Ami, Acuerdo Multilateral de Inversiones. Acuerdo que se vino abajo porque Le Monde diplomatique dió la voz de alarma a tiempo. Luego fue retomado y reintroducido en la sociedad europea por medio del actual Gats, Acuerdo General de Servicios, que supone igualmente una privatización de la justicia. Se ha descubierto que las leyes del mercado, la economía de mercado puede apropiarse con éxito no sólo del ámbito privado sino también del público. El verdadero evaluador acaba siendo siempre el mercado. Milner dice que cuando se sustituye la política por la administración de las cosas o un dejar que las cosas hagan política, sencillamente la política acaba por consistir en proponer a los gobernados lo inevitable, puesto que es el orden de las cosas. La política ya no sirve para consultar las razones de los ciudadanos, sino para hacer entrar en razón a los ciudadanos. No votas para razonar y contrastar tus razones con las de los otros votantes en un juego de argumentación y contra-argumentación al que llamamos democracia. Y se pregunta, ¿podemos seguir llamando política a lo que tenemos en estas condiciones? Algunos, radicalmente, pensamos que no.

En el coloquio Gustavo Dessal se pregunta al escuchar los comentarios acerca del libro, si es posible hacer algo, si ofrecer resistencia a esto, tiene sentido. Y cuestiona la idea de que ésta es la revolución de los ricos contra los pobres, aunque reconoce que es una frase brillante y extraordinariamente sugerente. Y pregunta si es esto una coyuntura política o es el ocaso definitivo de una etapa en la historia de la humanidad. En su respuesta Carlos Fernández Liria apuntó que el Apocalipsis ocurre fundamentalmente por el agotamiento de los recursos del planeta y entre las razones de la economía de mercado no está la conservación del planeta. Y se remitió a una frase de Wallerstein de su obra El moderno sistema mundial donde apunta a que el capitalismo obliga a los propios capitalistas a ser como un hámster en una rueda, corren más deprisa para correr más deprisa. Se acumula capital para acumular más capital y el problema está en que no pueden parar. Es un sistema que se acelera y se acelera. Y se sabe que a largo, a medio o corto plazo es el fin; si en un espacio finito hay un dispositivo que tiende a acelerarse cada vez más de forma infinita, sencillamente estalla. Introdujo también una frase de Voltaire que dice “razón es eso en lo que los hombres están de acuerdo cuando están tranquilos”. Para razonar se necesita tranquilidad, es así como se llegan a acuerdos, se establecen consensos, leyes, se hacen instituciones que resisten al paso del tiempo. Hace falta que se nos permita detenernos. El mundo necesita descansar porque necesita ralentizar la marcha, la razón debe seguir conservando lo que ha conquistado contra el tiempo que lo devora todo, no hay más que ver a Cronos devorando a sus hijos. Zeus conquistó contra Cronos las instituciones, que dejan al hombre tranquilo para razonar y construir instituciones mejores. Esto hay que conquistarlo contra el tiempo vertiginoso de las cosas, contra el capitalismo.

Jorge Alemán comentó que difería en considerar a los psicoanalistas como el pueblo elegido del secreto. No le parecía afortunada esa defensa de la práctica analítica como la práctica que defendería el ámbito del secreto, porque en ese sentido no habría una clara diferenciación con la práctica religiosa, que también defiende la práctica del secreto, la singularidad del sufrimiento, el lugar insustituible e inintercambiable de la experiencia singular, etc. En relación a lo que señalaba Carlos Fernández Liria de que existen dos discursos históricos que al menos no están mal hechos del todo, como el derecho y la ciencia, en principio estaba de acuerdo con esa formulación. Pero los dispositivos de la evaluación no pueden ser comprendidos genealógicamente si uno no los tiene en cuenta como un efecto del discurso de la ciencia, no en el sentido ilustrado y moderno, sino precisamente en la mutación del discurso de la ciencia, a raíz de la hegemonía del capitalismo. El devenir de la ciencia en técnica, cree que eso está en la punta del ovillo de los dispositivos de la evaluación. Y respecto a la pregunta de si esto es una coyuntura, coincide con los análisis hechos, precisamente Lacan describía al igual que Carlos, al capitalismo como un movimiento sin fin, circular, a través del cual no es posible conseguir corte alguno y por tanto hay una infinitud puesta en marcha que no puede ser ya detenida. De todos modos este argumento nunca es definitivo porque tiene un lado conservador, y si efectivamente esto es así y no es una coyuntura, estamos asistiendo a la gran fiesta apocalíptica y ha triunfado sin más lo que estamos llamando ahora la política de las cosas. Piensa que hay que ser muy prudentes y reivindica un legado más latinoamericano, es decir, evaluar de verdad lo que fue la derrota a escala planetaria de la izquierda en los años 70. Más allá de que hay que deconstruir el aspecto utópico de ese legado, hay también un llamado a la responsabilidad, incluso sabiendo que las condiciones de la estructura del capitalismo son condiciones tal como se han descrito, uno tiene que comprometerse de algún modo con la política, aunque la política como dice Freud es la experiencia de lo imposible. No cree que aquellos que intervinieron en los años 70 en un proyecto vinculado a la revolución o la emancipación, estuvieran sólo haciéndolo por el futuro. Cree que lo que pusieron en juego en aquel tiempo fue también un modo de habitar su propio presente. Por tanto aunque se diga que el futuro va hacia el triunfo final del capitalismo, queda siempre por decidir para cada uno, qué hace uno con su propio presente.

Juan Pundik apuntó que del Apocalipsis se ha hablado siempre en todas las épocas, siempre se ha estado en el final de todo. Cuando se estaba llegando al año 1000, la gente se suicidaba porque no iba a ver segundo milenio. Cree que estamos en una coyuntura, de la cual cree que se va a salir, ya que al hombre nunca se le presentó en la historia de la especie, ninguna situación que no pudiese resolver, y no diese paso a una situación mejor.

El coloquio tuvo que ser interrumpido, a pesar del fragor de la discusión generada, debido a la avanzada hora en que nos despedimos. Aunque continuaremos con el debate.

Mirta García Iglesias

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