Archive for Febrero, 2009

Novedad editorial: “Comunidad e inconsciente” de Manuel Montalbán

20090220 12:12

Comunidad e incosnciente¿Qué es la realidad? ¿De qué materia está hecha? ¿Cuáles son las condiciones para que exista un lazo social? ¿Cómo se constituye el sujeto implicado en dicho lazo? ¿Qué le otorga a una determinada realidad política su vigencia histórica, incluso a pesar del malestar insoportable que ella misma produce? ¿Por qué elevadísimas cuotas de infelicidad comunitaria no impulsan la transformación de la sociedad? En todos estos interrogantes no se trata de “aplicar el psicoanálisis” a los asuntos sociopolíticos, se intenta mas bien postular que el discurso de Lacan posee la suficiente determinación ontológica como para presentar los modos estructurales que hacen posible una realidad dada, así como también la “imposibilidad” que impide que esa realidad, el sujeto, el vínculo social, la identidad, el proyecto que la soporta, se cierren en una forma plena y lograda.
El lector encontrará en este libro un desarrollo elegante, bien escrito, sobre las secuencias de la enseñanza de Lacan que puedan eventualmente aproximarse a una inteligibilidad distinta de lo sociopolítico, o como lo dice el propio Montalbán, encontrarnos con una “politología lacaniana” en sus comienzos.

Manuel Montalbán: París, 1965. Es psicoanalista, miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, y profesor titular de psicología social en la Universidad de Málaga. Es autor de varios libros y artículos sobre temas psicoanalíticos, ciencias sociales y pensamiento posmoderno.

Comunidad e inconciente. El psicoanálisis ante el hecho social
Manuel Montalbán
Colección Ítaca
Número de páginas: 144
Encuadernación: rústica
ISBN: 978-84-88326-74-4
PVP: 18 euros
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Jorge Alemán condecorado con la Orden de Isabel la Católica

20090217 12:04

Jorge AlemánJorge Alemán ha sido condecorado por el Gobierno español con la Orden de Isabel la Católica en el grado de Encomienda, una Cruz que se porta pendiente del cuello, con los colores de la Orden, amarillo y blanco. Esta condecoración se realizó bajo el marco de la última visita de la presidenta argentina Cristina Fernández a España.

La Orden de Isabel la Católica tiene por objeto premiar aquellos comportamientos extraordinarios de carácter civil, realizados por personas españolas y extranjeras, que redunden en beneficio de la Nación o que contribuyan, de modo relevante, a favorecer las relaciones de amistad y cooperación de la Nación Española con el resto de la Comunidad Internacional.

Jorge Alemán es un destacado psicoanalista, escritor y desde 2004 es Consejero Cultural de la Embajada de la República Argentina ante España.

“De la memoria y el olvido” por María Navarro. El Mundo, 16 de febrero de 2009

20090217 12:02

«Entre los fenómenos de la conciencia, el mecanismo de la memoria es, para mí, el milagro más temible y misterioso» dice Sándor Márai en su obra autobiográfica Tierra, tierra. Manifestación que me ha evocado la cuestión del olvido y las interrogantes abiertas en España, desde que se aprobó la Ley de la memoria histórica, en relación a las víctimas de la Guerra Civil Española y la necesidad de darles lugar, poner nombre y enterrar los cuerpos que fueron abandonados tras su muerte en lugares desconocidos o silenciados. Hechos que están íntimamente vinculados a otro tan complejo y revelador como es la responsabilidad de cada sujeto en el acontecer de la historia. Tanto en relación a su decir y a sus actos, como a su silencio. «El milagro más terrible y misterioso», dice Márai. «Milagro», porque es impensable, podemos añadir; «temible», porque compete al sujeto, tiene que ver con su decisión y su manera de afrontar un real de su historia y de la del tiempo que le tocó vivir, no sólo a él sino a la serie en la que se inscribe como sujeto; «misterioso», porque evoca lo extraño, pues está en vecindad con aquello que obedece a una sustracción que por no afrontar o tolerar el sujeto no sabe que sabe y que más tarde aparecerá en la historia como aquello que solamente deja una huella pero que también vuelve como un sinsentido a descifrar —es el retorno de lo reprimido freudiano sobre lo que Lacan volverá posteriormente—. Maneras de responder que nos muestran cómo la memoria y el olvido que en esta se inscribe están vinculados a la ética de cada sujeto. Vinculación en la que indaga la clínica del psicoanálisis y que toma su valor de verdad cuando asistimos a las manifestaciones que, cada vez con menos pudor, acompañan a los individuos contemporáneos en su capacidad para desentenderse de la ley que sostiene la responsabilidad subjetiva.

El problema al que se enfrenta la sociedad contemporánea, y en particular la sociedad española, con el ejemplo de esta memoria histórica es que retornará siempre y, según cómo, con más fuerza. Pues la responsabilidad en la existencia implica la manera en que los hechos que sucedieron, o debieron suceder y no sucedieron, y las palabras que se dijeron, o dejaron de decirse, al cabo de los años, de forma sintomática retornan. Y al volver, como en las obras de Márai, pueden venir acompañados de la desbordada fuerza de un presente donde por fin se comprenden muchas cosas, o se padece, en sus múltiples formas sintomáticas, entender qué es lo que hay que hacer cuando ya poco queda por hacer. No siempre el curarse de unos hechos es cuestión de tiempo, porque el tiempo ayude a olvidar, sino que en ese tiempo transcurrido se articula el retorno.

Por esto me resulta de una total irresponsabilidad política y social que se preste oído a que hay que eludir ese lugar que se pide para el reconocimiento. Opción insistente en muchos sectores discursivos del país, que se acompaña además con la coletilla de que traer el recuerdo es remover algo que sólo servirá para enfrentar a la tranquila ciudadanía española. Cuando de lo que se trata, es de dar un lugar simbólico, y de asumir la responsabilidad de unos hechos. Se trata de dar un lugar desde la ley a aquellos que fueron “silenciados” no sólo ante la ley del derecho —pues hay unos responsables directos— sino ante la ley del sujeto que es el que teje el porvenir.

El asesinato, el despotismo, el abandono, el robo, en lo más profundo de sus significados, y bajo cualquier bandera, atañen a la dignidad, no pasan de largo por callar o justificarse una y otra vez con argumentos que remiten a un registro de poder y rivalidad que siempre quedará en una parcela imaginaria; por obviar, disimular o directamente censurar su denuncia no se elimina el peso del pasado. No sólo se trata de enterrar dignamente a los muertos y callar el resto de índole culpable (a estas alturas seguir viendo en los cementerios españoles esas listas de muertos, carne de los vencedores, bajo el epitafio «por Dios y por España» resulta casi una burla). Pues de no ser así lo silenciado volverá con la fuerza que toma aquello que fuera reprimido o excluido. Fuerza que va más allá del control, la voluntad y del saber consciente. Y no sólo en aquellos que padecieron directamente los efectos de la contienda sino también en  las elaboraciones que de ello hicieron las generaciones posteriores. Nos guste o no, estarán inscritas en las palabras que hacen a un país y  a la historia de los hombres, aquí y en cualquier lugar. La escritura de la memoria forma parte medular de la construcción de un pueblo. Rechazarlo implica que se tratará entonces de una historia en la que el agujero del olvido, como mínimo, puede convertirse en el retorno de la vergüenza. Y ésta siempre hace su trabajo. Que no es otro que el de la pobreza subjetiva de lo que no asumió: la responsabilidad de reconocer el error de creerse dueño de la verdad, del pensamiento y de los cuerpos.

No deja de impresionar, llamando a una reflexión, cuando nos encontramos con palabras como estas publicadas en el diario ABC de Sevilla en 1937: «Pronto sonará, porque el General Queipo lo quiere, la hora expiatoria de los crímenes cometidos en Málaga la Bella, Dolorosa, de este calvario de la Crucifixión de España… Óigalo el mundo civilizado, si oídos tiene. Óigalo la cristiandad universal, escarnecida por Moscú y sus sicarios. España cierra el paso a las hordas asiáticas formadas por pelotones de fantoches en ese gran guiñol judío, cuyos hilos sutiles se mueven desde el Kremlin…», y que seguramente se vertieron con la fuerza de su delirio sobre muchos de los que aun hoy descansan en las cunetas o en los cimientos de un mausoleo. Muertos que fueron y no están pero que son el testigo silencioso y cuerpo inexistente de esa memoria. Órdenes, y restos de este país que pareciera que muchos no pueden vincular con esta memoria ni con el deber implícito y la responsabilidad legal y política, ¡no digamos ética!, que de ello tiene cada uno de los que llevaron a cabo cada sentencia, el golpe militar y aquellos que lo posibilitaron y secundaron.

Resulta paradógico que un país que ha sido capaz de denunciar los crímenes ajenos y juzgarlos no se pueda interpelar para juzgar los propias. Los hechos acaecidos por los pasados golpes militares en Chile y Argentina y juzgados por la vía penal en España son testimonio de ello. ¿Qué credibilidad tendremos ahora como país cuando se frena el trabajo de aquellos que intentan volver la mirada hacia los hechos y piden reconocimiento legal para los olvidados, aduciendo falta de competencias? No deben conocer que hay un retorno y que lo que vuelve toma la vía sintomática, que puede ser de pobreza, pobreza histórica, de desarraigo, de superficialidad. ¿Qué dignidad para la juventud futura?

María Navarro
Artículo aparecido en el diarío El Mundo, el lunes 15 de febrero de 2009

Fallece a los 65 años Francisco González Pedraza

20090217 11:59
El poeta malagueño Francisco González Pedraza falleció el pasado 2 de febrero a los 65 años de edad. González Pedraza, que se dio a conocer como poeta a una edad ya tardía, fue sin embargo referente para muchos escritores por su labor en el Ateneo y el Centro de la Generación del 27.
Amigo de los poetas del grupo Cántico, entre ellos Pablo García Baena, y de Rafael Pérez Estrada, entre otros, González Pedraza comenzó su vinculación al mundo literario siendo un niño en la imprenta Dardo (luego Sur) de la mano de Ángel Caffarena. Allí comenzó a ser testigo directo de varias generaciones de escritores, desde los poetas del 27, los del 50 hasta los más jóvenes, a los que apadrinó como vocal de Poesía del Ateneo, o como coordinador del premio de teatro Enrique Llovet.