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“Hacia una cultura del miedo” por María Navarro

20081027 13:59
«Promover la sociedad de la felicidad absoluta es fabricar una cultura del miedo». Así termina el ensayo de Eric Wilson, Contra la felicidad. En defensa de la melancolía aparecido recientemente en español. Reivindica el texto la melancolía como musa inspiradora frente a la acuciante obligación de ser feliz que impera en el discurso contemporáneo cada vez con más fuerza.Estoy de acuerdo, como lo estarán aquellos que desde hace muchos años insistimos en el peligro de este nuevo imperativo de la época. Además, casi institucionalizado ya que ha pasado a convertirse en un factor de la política, desde el momento en que ésta reconoce en la demanda de los votantes, el derecho a la felicidad que su discurso promete; tratando de colmarlos a toda costa. Hasta llegar incluso -y esta es la nueva amenaza- a la evaluación de lo que se logra o no, respecto a un ideal normativo y cuantitativo, de aquello que el discurso imperante considera debe ser un individuo normal, adaptado y libre. Un sujeto feliz.

¿Cómo pensar que esto no siempre es factible, que la vida tiene límites estructurales imposibles de colmar, y que el sujeto tiene una responsabilidad en relación a su posición en la vida, a su deseo y a sus elecciones? Cómo pensar este derecho a la tristeza si el discurso generalizado, al pretenderla felicidad a toda costa, lo censura. Esta proscrito. Es casi una lacra.

De ahí que, a pesar de considerar el texto de Wilson de superficial, estoy de acuerdo con su propuesta -aunque diferenciando el alcance del significante melancolía que este profesor estadounidense reivindica ya que tendremos que recordar que no siempre la manifestación de la tristeza es patológica. Hay una diferencia entre el duelo y la melancolía: el estado de ánimo doloroso, la falta de interés por el mundo exterior, la dificultad para manifestar a veces la capacidad de amar, la inhibición de las actividades, son elementos comunes a ambos. Estos estados se han desencadenado a partir de una pérdida que puede ser la de una persona, un lugar, o la de un ideal. Sólo un ingrediente atañe de forma exclusiva en la melancolía: la enorme disminución del amor propio y el autoreproche hasta límites que llegan al delirio moral de empequeñecimiento. Pero el dolor, la pena y el eventual retraimiento que implica el duelo o la tristeza, tenemos que considerarlos como manifestaciones naturales que dan testimonio, en última instancia, de que los objetos no se pueden sustituir por otros tan fácilmente, como el llamado estado del bienestar pretende con sus constantes ofertas; que los seres humanos no son descartables. Que lleva tiempo y elaboración, y cada sujeto tiene su manera de enfrentarse al proceso de desasimiento que, de hecho, comienza con el advenimiento a la vida.

Y más allá de la idea romántica que vincula a la melancolía como necesaria para dar luz al proceso creativo de muchos escritores o artistas. Desde luego hay escritores melancólicos pero no por ello es una condición. Borges, por ejemplo reivindicaba este derecho a la tristeza del sujeto como motor de la vida y sin embargo no era un melancólico. Además, y en esto estaremos todos de acuerdo, hace falta talento. No todo sujeto melancólico hace una obra. La condición -para todos, creadores o no- es darle un lugar a la subjetividad, a la particularidad y al modo que tiene cada uno de hacer con ella.

En relación a la gravedad de esta la política de la felicidad hay varios pensadores y escritores más cercanos -Jacques Lacan ya se pronunció en relación a este devenir de la época y actualmente hay muchos autores que han seguido detenidamente las articulaciones del pensamiento contemporáneo y el lugar que en este discurso ocupa el sujeto, les recomiendo La política de las cosas de J .Claude Milner o el Porvenir del inconsciente de Jorge Alemán- que denuncian con seriedad el efecto y el peligro que encierra esta vertiente del discurso social, político y científico contemporáneos, que avalando sus métodos en técnicas propias de la psicología cognitiva. desembocan en el despropósito que introduce la creencia de que el individuo, con el rigor necesario, en este caso con un semblante científico de control, pudiera manejar el pensamiento y alcanzar o modificar aquello que le resulta molesto o le causa malestar. Es una lógica del estado contemporáneo que arranca desde hace años en aras del bien y la igualdad, y que desemboca en última instancia en lo que resuena como una nueva forma de campo de concentración. No hay que dar concesiones a la ingenuidad.

Un nuevo mercado con el sufrimiento en el que si no se cumple el objetivo de felicidad que el estado y el discurso científico considera «normal», podemos constatar que escenas cotidianas como que el sujeto aparece triste porque perdió recientemente a un ser querido; o que el niño esté inquieto porque acaba de nacer un hermano, o la joven que tiene interrogantes acerca del cuerpo, por ejemplo, se convierten en un: están deprimidos, o son hiperactivos, o anoréxicos, o fracasados escolares, o inadaptados sociales y como resultado: señalados y medicados para así volver al camino en el que el corredor de fondo de la felicidad se aplicará en el deber de sentirse contento, guapo, tranquilo, eficiente, positivo y, además, con un recomendable nivel de ese término que siempre me ha inspirado desconfianza que es la autoestima. Así creerá verdaderamente estar llegando a la cima de la felicidad. Con la consiguiente repetición de exigencia que desemboca en muchas ocasiones en la extenuación y el miedo por tratar de responder aun deber cada vez más despiadado. Y que alcanza a la enfermedad y a la tristeza o al duelo particular de cada individuo como una forma de rechazo social para sostener «la felicidad que nos viene».

Artículo aparecido en El Mundo

Reseña de “Poesía Completa” de Francisco González Pedraza en la Revista Encuentros

20081014 09:15

A continuación podéis leer la reseña que Santos Domínguez ha publicado en la Revista Encuentros de Poesía Completa de Francisco González Pedraza:

Francisco González Pedraza (Málaga, 1943) pertenece al grupo de poetas y tipógrafos que continuaron en Málaga la labor poética y editorial de la imprenta Sur o de la revista Litoral de Emilio Prados y Manuel Altolaguirre. Su amistad con Bernabé Fernández-Canivell, Alfonso Canales, María Victoria Atencia y Rafael León, Rafael Pérez Estrada, Pablo García Baena y Vicente Núñez le familiariza con una brillante tradición a la que González Pedraza ha sumado varios títulos que se recogen en la Poesía completa que publica Miguel Gómez Ediciones en su ya nutrida y brillante colección Capitel.Desde Por el Limonar, con su tono neopopularista, al verso enamorado de los poemas corporales de Íntimas palabras o la suave melancolía elegiaca de El viento en las palabras, los azules, el viento y la arena, los cuerpos amorosos y el tiempo en fuga por las playas de Málaga se convierten en constantes vitales y poéticas de una obra que tiene como referencia constante el sur y lo mediterráneo.

En los poemas de González Pedraza, luminosos, crepusculares o nocturnos, el amor y el olvido, la plenitud solar y marina, la evocación nostálgica o la celebración del cuerpo y la luz de la naturaleza entroncan directamente con la tradición poética malagueña, pero también en un sentido amplio con una estética y una ideología vital propia de un Sur que no es sólo un espacio geográfico, sino una concepción de la realidad que enlaza también con Cavafis, a quien dedicó en 1995 una bella Evocación.

Notario marinero y observador de ultramares y estrellas lo llamó de manera gráfica Rafael Pérez Estrada, tal vez pensando en versos como estos en los que


el pájaro sencillo
confunde sus alas
con el aire.

Santos Domínguez

Artículo de Luis Antonio de Villena sobre “A la luz del día” en la revista Mercurio

20080401 12:30

Os ofrecemos el artículo que Luis Antonio de Villena ha publicado en el Nº 98 de la Revista Mercurio sobre A la luz del día:

Un fantasma con Cavafis

Luis Antonio de Villena

Revista Mercurio, Nº 98, Febrero 2008, p. 35.

La prosa de Constantino Cavafis (1863-1933) con ser desde luego plato menor al lado de su espléndida poesía, sigue siendo bastante desconocida en nuestro idioma. Que yo recuerde sólo el tomo Prosas (que edito Tecnos en 1991) nos dio una idea con artículos varios, fragmentos de diarios y esbozos de “prosa de ficción” que nos acercaban a ese otro pero próximo Cavafis… El cuento que ahora traduce (en edición bilingüe) Bádenas de la Peña, permaneció inédito hasta 1979, cuando una neohelenista italiana, Renata Lavagnini, lo rescató y tradujo en una revista especializada de Palermo…

Como muchos de estos cuentos más o menos acabados, el que ahora podemos leer A la luz del día debió de ser escrito a finales del siglo XIX, hacia 1896, cuando el “gran Cavafis” no ha nacido aún pero ya existía el “poeta de la ciudad”, en esos tiempos interesado en algo que estaba en boga en la época: el espiritismo y la literatura sobre fantasmas, heredera del romanticismo, pero a la que el simbolismo (Gautier o Villiers de l’Isle-Adam) había dado un nuevo y más suntuoso giro. Esa preocupación la demuestra algún coetáneo poema cercano a esos temas como Turbación o En la mansión del alma. El cuento de Cavafis –impecable salvo en un final algo acelerado, como si le hubiese corrido prisa terminarlo- es el relato de Alejandro, un joven petimetre alejandrino falto de dinero y que vive como puede, que una noche tranquila de casino les relata a sus amigos (entre los que está el narrador) la oportunidad que tuvo hace años de hacerse rico –encontrando un gran tesoro- y que por miedo desaprovechó. En un sueño se le ha aparecido un señor menos viejo que su lúcida apariencia, pero con una sortija que luce una gran esmeralda, diciéndole que le ayude a sacar ese tesoro escondido de variadas gemas, que se halla cerca de la Columna de Pompeyo…

Al principio, el joven Alejandro no da importancia al sueño, hasta que se repite con audaz realismo, llegando al fin a ver al caballero de la esmeralda sentado en un cafetín donde ha dicho que le esperaría un caluroso mediodía de agosto. El joven no hará nada y el tema (que relata a sus amigos) le costará una enfermedad antes de olvidarlo. Sólo uno, especialista en ocultismo (de nuevo otra figura muy decimonónica), un tal G. V., le informa que nada hay que temer de estos fantasmas que buscan la ayuda de los humanos, pero que lamenta no haber acudido el propio G. V. porque los fantasmas diurnos (“a la luz del día”) son de mucha mayor rareza…

El relato muestra al Cavafis de su tiempo, al enamorado de Alejandría, pero también nos vuelve a dar una notable pista sobre su formación en la estética simbolista, donde no desentonaría incluso uno de sus grandes poemas como Esperando a los bárbaros. Cavafis se educó en el simbolismo (tradujo algún poema de Baudelaire) para encontrar después en su orgulloso amor a la historia y a las letras de su patria espiritual (el helenismo) el correlato perfecto para su psique y su vida. De hecho, en este cuento que es plenamente moderno y que nada tiene que ver con la Grecia antigua, se deslizan palabras sin duda amadas por cuanto connotan: dáimones (por demonios) o Erebo (por Infierno) no eran voces necesarias al relato, pero hacen sentir no sólo la querencia cavafiana, sino que (como después escribiría en un verso) “un alejandrino escribe de otro alejandrino”, nada menos.

Un buen cuento con un final algo abrupto.

Artículo sobre “A la luz del día” por Luis Alberto de Cuenca en la revista cultural de ABC

20080304 12:16

Os ofrecemos el artículo que Luis Alberto de Cuenca ha escrito sobre A la luz del día y que ha aparecido en el ABCD las artes y las letras, nº 839 del día 2 de marzo de 2008:

Un cuento fantástico

Cualquier texto inédito en castellano del gran Cavafis (1863-1933) ofrece un enorme interés, pues ha habido pocos autores como él con tanta capacidad de influencia en la poesía española de los últimos treinta o cuarenta años. Cavafis resucita en la Alejandría decimonónica el viejo espíritu de los alejandrinos de época helenística, y construye una obra poética sólo comparable a la de los auténticos gigantes de la poesía mundial en el siglo pasado: Saint-John Perse, Ezra Pound, T. S. Eliot, Juan Ramón Jiménez, pocos más.

Uno de los más profundos conocedores de la obra de Cavafis en España es su traductor y exegeta Pedro Bádenas de la Peña, ex director del Instituto Cervantes en Atenas, quien lo ha vertido al español íntegramente en Alianza Editorial y conoce como la palma de su mano toda la trayectoria intelectual y estética del escritor alejandrino. De la fusión entre el creador de Esperando a los bárbaros y Pedro Bádenas ha surgido esta traducción de un precioso relato fantástico de aquél, probablemente compuesto en 1895 o 1896, y síntesis genial de las lecturas de Cavafis en el terreno de las letras fantásticas, que él conoció y leyó, básicamente, en francés: los cuentos de E. T. A. Hoffmann, traducidos a la lengua de Montaigne por Loève-Veimars, allá por los años 30 del siglo XIX, inaugurando un escenario temático por donde iban a discurrir las mágicas siluetas de Gautier, de Nerval, de Mérimée; las Histoires extraordinaires de Poe, traducidas por Baudelaire y publicadas con ese título en el bienio 1856-57; los Contes cruels de Villiers de l?Isle-Adam; la insuperable narrativa breve de Maupassant, etc.

La acción del cuento cavafiano se sitúa en la Alejandría de hace ciento diez años, en el ambiente de la alta burguesía griega en que se movía nuestro poeta, muy similar al milieu parisiense evocado por Villiers en El convidado de las últimas fiestas. No voy a contar nada del argumento. Baste saber que el plot describe un rifirrafe entre lo posible y lo imposible, que es lo que caracteriza un cuento fantástico comme il faut (si seguimos a tratadistas de lo fantástico como Caillois, Todorov, Irène Bessière o Alicia Mariño). Cuando lo razonable y lo extraño chocan de forma abrupta, se genera una duda en el lector que acaba produciendo el efecto fantástico. Cavafis lo consigue de forma magistral en A la luz del día.

Aquí pueden visitar el artículo en la edición digital de ABC

Reseña de “A la luz del día” de Cavafis en la revista Encuentros por Santos Domínguez

20080220 12:48

Os ofrecemos a continuación la reseña que Santos Domínguez ha hecho sobre A la luz del día en la revista Encuentros:

Del lugar de la literatura en donde se encuentran Poe y Baudelaire, de las raíces que alimentan la narración y la poesía contemporáneas, surge A la luz del día, el relato breve de Constantino Cavafis que publica por primera vez en castellano Miguel Gómez Ediciones, con edición de Pedro Bádenas de la Peña, traductor de la poesía de Cavafis y buen conocedor de una obra que comparte temas, actitudes y ambientes alejandrinos con este relato.

A la luz del día permaneció inédito hasta 1979, en que se editó en la Universidad de Palermo, y pertenece al terreno de la literatura fantástica. La irrupción de lo sobrenatural en lo cotidiano, la difuminación de las fronteras entre lo lógico y lo mágico son algunas de las constantes de un subgénero que se puso de moda a finales del XIX.

A la luz de día desarrolla una trama sencilla a partir de una conversación trivial. El mundo del sueño y la vigilia, el misterio y el secreto, el ensueño y el terror acaban haciéndose visibles, a través de descripciones inquietantes.

Esta es una rareza dentro de la obra de Cavafis, que lo escribió influido por la lectura de Hoffman y Poe, con quienes compartió planteamientos estéticos como la unidad de impresión, la importancia de la sugerencia, la indefinición o el ensueño, que son fundamentales también en su poesía, igual que la intensidad del estilo, la voz de la primera persona, el destello visionario o el efecto suspensivo del final abierto.

Santos Domínguez

Reseña de “Psicoanálisis y arte de ingenio. De Cervantes a María Zambrano” en la revista Lectora, por Neus Carbonell

20080212 10:25

Os ofrecemos el artículo que Neus Carbonell, colaboradora y miembro del consejo de redacción de la revista Lectora. Revista de Dones i Textualitat, ha escrito sobre nuestra publicación Psicoanálisis y arte de ingenio. De Cervantes a María Zambrano, de Erminia Macola y Adone Brandalise.

Psicoanálisis y arte de ingenio.
De Cervantes a María Zambrano

Erminia Macola & Adone Brandalise
Málaga, Miguel Gómez Ediciones, 2004

Nos encontramos hoy aquí animados y animadas por el deseo: puesto que es siempre el deseo lo que hace posible el lazo social, como nos enseña el psicoanálisis de Jacques Lacan. Animados por el deseo, Erminia Macola y Adone Brandalise escribieron su libro El psicoanálisis y arte de ingenio sobre el encuentro entre psicoanálisis y literatura, del que hablan del siguiente modo: “El encuentro entre literatura y psicoanálisis no se produce, pues, entre un aparato de técnicas interpretativas y un conjunto de objetos,sino entre los deseos que operan en el corazón de prácticas intrínsecamente infinitas”.

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¿Quién teme al psicoanálisis?

20070321 10:25

Reseña de Germán Cano a la obra Exsistencia y sujeto, de Jorge Alemán y Sergio Larriera, aparecida el 21 de marzo de 2007 en el diario La Razón

Desconozco hasta qué punto “el siglo XXI será lacaniano o no será”, como afirmó hace unos días Jorge Alemán, pero desde luego, a la vista de la paulatina descomposición del cadáver del modelo filosófico de la hermenéutica —¡hay quien hablaba en los ochenta de este modelo como si fuera el nuevo horizonte insuperable!—, parece evidente que no podemos reflexionar sobre el mundo espectral que se avecina desprovistos del amargo y lúcido botiquín crítico del psicoanálisis. En un tiempo como el nuestro en donde la obscenidad de una vida cada vez más indistinguible de lo biológico satura todo escenario político, no nos basta ya con deconstruir o poner entre paréntesis el viejo sujeto clásico; es preciso dar un paso más y lidiar con el intruso incurable que mora en cada uno.

Si alguien ha roturado dicho camino en España, muchas veces a contracorriente, para llegar a comprender esta idea; si alguien nos ha enseñado a pensar con rigor en términos filosóficos el legado de Freud y Lacan, éste ha sido Jorge Alemán, muchas veces, como en esta ocasión, con su inseparable cómplice Sergio Larriera. El espacio reflexivo, a la fuerza no institucional, que ambos han sabido recortar desde hace veinte años no puede ser más oportuno para pensar el presente: la continuación del diálogo entre el filósofo que con más profundidad penetró en la esencia de la técnica y el psicoanalista que, en su ambicioso proyecto de “volver a Freud”, mejor supo deletrear la fuerza del deseo y sus trampas.

Efectivamente, pese a sus notables diferencias intelectuales y recelos mutuos, “tanto Freud como Heidegger constituyen los dos procedimientos más exhaustivos del desmantelamiento del sujeto moderno”. En ambos, el magno periplo formativo de la historia humana que, por última vez, tratara de reconstruir Hegel en la “Fenomenología” desemboca en un punto muerto: este viaje no nos lleva ya a ningún hogar, sino, quizá, a la clínica. Hoy las ganancias, como recuerdan varias veces Alemán y Larriera en el texto, sólo pueden proceder de las pérdidas. De ahí, pues, la urgencia de pensar en esta fractura inhóspita más allá de la lógica de una última totalidad reflexiva. Aquí Freud y Heidegger se ven obligados a desenterrar con mimo en el ámbito de la experiencia un espacio extremadamente frágil, silencioso, menesteroso de gestión, de un mayor cuidado y ocultado por las falsas alharacas de los “grandes acontecimientos”.

En la sutil y tensa conversación entre Heidegger y Freud que, por medio de Lacan, Alemán y Larriera reconstruyen, destacan no pocos desarrollos sugerentes. Pasemos revista muy someramente sólo a algunos. En primer lugar, la comparación entre el relato neurótico y la no asunción de la analítica de la “exsistencia”. Asimismo, la necesidad de añadir a la reflexión heideggeriana de “Ser y tiempo” la dimensión de la pulsión, la sexualidad y su diferencia, sospechosamente neutralizadas por el pensador alemán en virtud, creemos, de un reflejo defensivo.

Lejos de estériles aproximaciones académicas, el libro pone de manifiesto de este modo cuán útil puede llegar a ser pensar a Heidegger contra el propio Heidegger. Es decir, es posible, por ejemplo, descubrir en qué sentido el filósofo alemán no se atrevió a pensar hasta sus últimas consecuencias lo que él mismo había vislumbrado. Una posibilidad que puede surgir si lo interpretamos desde la singular “enseñanza” de Lacan y la experiencia analítica. Cuestiones, por ejemplo, como la culpa o la deuda, quizá excesivamente marcadas por el lastre conceptual existencialista, adquieren nuevas tonalidades cuando no son analizadas ontológicamente, sino desde el planteamiento freudiano de la finitud. Por último, cabría subrayar la fecunda interpretación “topológica” que los autores ofrecen de la filosofía del límite de Eugenio Trías desde este brillante y necesario telón de fondo teórico.
Germán CANO

Exsistencia y sujeto. Jorge Alemán y Sergio Larriera

Reseña de “Exsistencia y sujeto” en LETRA INTERNACIONAL a cargo de Luis Seguí

20070119 10:56

A continuación reproducimos la reseña que Luis Seguí a escrito sobre Exsistencia y sujeto, de Jorge Alemán y Sergio Larriera para LETRA INTERNACIONAL y que ha sido publicado en el nº 93 de la revista.

Penúltima muestra de la provechosa complicidad intelectual que sostienen desde hace muchos años los psicoanalistas de origen argentino Jorge Alemán y Sergio Larriera, Existencia y sujeto supone un paso más en la indagación de largo recorrido iniciada por ambos autores con Lacan: Heidegger: Un decir menos tonto (Ediciones C. T.P., Madrid,1989), obra inaugural de una nueva época en la relación entre filosofía y psicoanálisis en España, una relación que se remonta a las primeras décadas del siglo pasado, que fue interrumpida por la guerra civil y la dictadura franquista, y que ahora se retorna a través de un diálogo fecundo entre pensadores de ambas disciplinas. Como se sabe, las teorías de Freud tuvieron una introducción temprana en nuestro país, pero fueron casi unánimemente rechazadas por los psiquiatras de la época, y recibidas con muchos recaudos por filósofos como Ortega -aunque en 1922 las calificara como «la creación más original y sugestiva que ha cruzado en los últimos veinte años el horizonte de la psiquiatría»-. En realidad, fueron los médicos higienistas y los juristas quienes más se interesaron por aquellas y por su posible aplicación en sus respectivas especialidades, en el contexto de los acelerados cambios sociales que caracterizaron la vida española en los años de la Il República. De otro lado, hay que decir que Sigmund Freud mantuvo hasta el fin de sus días una actitud crítica hacia la filosofía, a la que excluía del campo de la ciencia por su «ilusión de poder brindar una imagen del universo coherente y sin lagunas (…) que por fuerza se resquebraja con cada nuevo progreso de nuestro sabeD>. Por su formación clásica y positivista, y en la pugna por obtener para el psicoanálisis el reconocimiento de su estatuto científico, Freud desconfiaba de las adherencias religiosas que arrastraba la filosofía, y es evidente que, pese a ser contemporáneos aunque de diferentes generaciones, un diálogo con Heidegger resultaba inviable. Hubo de ser la generación de la posguerra, representada en el psicoanálisis por el continuador de Freud, Jaques Lacan, la que hiciera comparecer a la filosofía ante el saber de la experiencia analítica. En esta obra, la homofonía entre existen-cia/exsistencia permite a los autores jugar con la doble acepción y sonido único, como ocurre en alemán con Dasein, el ser-ahí, que reúne el da (ahí) y el sein (ser).Ahora bien, ¿por qué Heidegger? En primer lugar, porque ha sido el filósofo más importante del siglo xx, pero fundamentalmente porque el autor de Ser y tiempo, al interrogarse sobre el ser desde el ángulo de una analítica existenciaria -que. no existencial, porque Heidegger se desmarcó del existencialismo-, percibe que ese ser adviene en el mundo contemporáneo signado por un defecto ontológico, estructural, como consecuencia de haber sido arrojado al mundo, a una existencia deudora y culpable. Si para Heidegger ese estar arrojado, ese estar-en-el-mundo es un estar caído -nada que ver con la llamada «naturaleza caída del hombre», consecuencia, para los cristianos, del pecado original-, muestra el carácter finito y negativo de la existencia, ello significa que esa exsistencia está construida desde la culpa y la deuda. y aquí es donde, precisamente, el pensamiento heideggeriano enlaza tangencialmente con el psicoanálisis, para el que el relato neurótico derivado del mito del asesinato del padre hace comparecer al sujeto como culpable, y donde Lacan sitúa la tachadura subjetiva padecida como falta de ser, en la estructura del lenguaje. «El ser deudor y culpable de Heidegger se encuentra y se reformula en la lógica de Jaques Lacan: ahora es el sujeto del inconsciente el que traduce su falta de ser en términos de culpa y deuda», nos dicen Alemán y Larriera. Pero frente a la hermenéutica del «yo soy» contenida en Ser y tiempo, nuestros autores dedican su esfuerzo a introducir lo que se ha dado en llamar la «página ausente» en la filosofía heideggariana, esto es, el concepto de castración, por cuya vía hacen acto de presencia, en el advenimiento de la subjetividad, la imposibilidad de la relación sexual y los diversos modos de gozar.

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Breve diccionario del psicoanálisis. 150 años de Freud

20060507 14:35
Diez conceptos para el debate. Diez propuestas para entender, explicar y actualizar el legado de una revolución y su impacto en el lenguaje. El psicoanalista Jorge Alemán ha elegido diez ideas sobre Freud, diez hilos desde los que tirar y desmadejar los temas más incandescentes del psicoanálisis actual. Desde la “respuesta” del Amor a la “escisión” del Sujeto.

AMOR. El amor no es el fundamento común que une a dos seres. Es la respuesta que entre dos seres se intenta construir para velar la relación imposible que se mantiene a nivel de la pulsión. Ocultando lo imposible, el verdadero amor lo muestra.

CIENCIA. El psicoanálisis no es una ciencia, pero no por déficit epistemológico alguno, pues se ocupa de aquello que la ciencia necesita excluir para poder constituirse como tal. Es una reforma de los límites de la razón, “una razón fronteriza” abierta a lo que se escapa al sentido: el inconsciente, el lapsus, el sueño, el síntoma subjetivo, el fantasma.

CURA.
En la cura psicoanalítica no se trata ni de adaptación, ni de establecer un equilibrio, ni de aumentar la “autoestima”. Operaciones que Freud hubiera concebido como narcisistas y por tanto empobrecedoras de la experiencia subjetiva. Más bien se trata, una vez reducidos los síntomas mórbidos y las inhibiciones, de “saber hacer” con lo incurable que habita en cada uno. Elevar al síntoma incurable a la dignidad de un estilo de vida

DISCURSO. Más que a decirlo todo, empuje que el mercado sabe realizar, el psicoanálisis es la invitación a realizar a través de la palabra la experiencia de lo imposible de decir. La cura psicoanalítica es el descubrimiento de un silencio distinto.

EDIPO. El Edipo no es “el blabla” que cuenta el amor y las desventuras del hijo con los padres. Es el mito singular que en cada uno narra el impacto del lenguaje (aquello que siempre nos antecede) sobre la vida que surge en el mundo. Es el aluvión de dichos, nombres propios, deseos, promesas, agravios, expectativas, deudas, culpas, ideales, que esperan al ser vivo incluso desde antes de sus nacimiento. Gracias a Edipo, el ser parlante no se sentirá el producto de un deseo anónimo, aunque tampoco encontrará, en los auspicios de su nacimiento, un fundamento que dé sentido a su existencia.

LO REAL.
Mientras la realidad nos duerme, lo real, que carece de nombre, nos despierta. Puede irrumpir en cualquier instante como una figura del trauma, la angustia o lo siniestro y el sujeto se defiende a través de rituales, fantasías de control, obsesiones, delirios. Sin embargo, el sujeto puede afrontar lo real con otra dignidad, si asume su relación con el inconsciente.

MODERNIDAD. Hombre de ciencias, Freud era un ilustrado moderno. Pero fue en la experiencia de la cura llamada psicoanálitica que se encontró con una serie de problemas que cuestionaban los ideales de la época… De ese modo, a los ideales de progreso y superación se le opuso la idea de un “resto pulsional” al que permanecemos fijados y que nunca se supera, la idea de “una compulsión a la repetición”, que con distintos disfraces retorna en las distintas etapas. Por lo mismo, a las utopías de cumplimiento y realización, el malestar en la Civilización irreductible.

MUJER. Fue a través de las mujeres que Freud tuvo noticias de la verdad inconsciente, esa verdad que emerge por sorpresa, que se dice a medias y que objeta a toda definición universal. El psicoanálisis es el intento de llevar a la teoría el modo en que “ello habla” en la voz femenina. A partir de allí, se descentró “el falocentrismo” y se desjerarquizó la sexualidad, la heterosexualidad pasó a ser una práctica más entre otras y no el valor último de la sexualidad.

PULSIÓN.
La pulsión no es el instinto. Es la “parte maldita del instinto”, aquella que el lenguaje enfermó y alteró para siempre. Mientras el instinto sabe cual es su objeto (hambre-alimento), la pulsión se dirige a objetos erráticos y contingentes que confirman su satisfacción autista y acéfala.

SUJETO. El sujeto no es ni la conciencia, ni la reflexión, ni el yo. Es una escisión incurable, una fractura originaria y estructural, que se tiene que elegir a ella misma a través de sus deseos. La conciencia, del yo, la reflexión, son distintas ficciones que intentan suturar una herida inaugural, la del sujeto del inconsciente. Atacado como “ciencia judía” por los nazis, como “ciencia burguesa” entre los estalinistas, difamado por las escuelas anglosajonas, el deber de pensar a ese sujeto escindido vuelve a Europa y América Latina gracias a Jacques Lacan.

Jorge ALEMÁN

El Cultural de El Mundo
publicado el 4 de mayo de 2006