Archivo de la categoría'Críticas'

Reseña de “A la luz del día” de Cavafis en la revista Encuentros por Santos Domínguez

20080220 12:48

Os ofrecemos a continuación la reseña que Santos Domínguez ha hecho sobre A la luz del día en la revista Encuentros:

Del lugar de la literatura en donde se encuentran Poe y Baudelaire, de las raíces que alimentan la narración y la poesía contemporáneas, surge A la luz del día, el relato breve de Constantino Cavafis que publica por primera vez en castellano Miguel Gómez Ediciones, con edición de Pedro Bádenas de la Peña, traductor de la poesía de Cavafis y buen conocedor de una obra que comparte temas, actitudes y ambientes alejandrinos con este relato.

A la luz del día permaneció inédito hasta 1979, en que se editó en la Universidad de Palermo, y pertenece al terreno de la literatura fantástica. La irrupción de lo sobrenatural en lo cotidiano, la difuminación de las fronteras entre lo lógico y lo mágico son algunas de las constantes de un subgénero que se puso de moda a finales del XIX.

A la luz de día desarrolla una trama sencilla a partir de una conversación trivial. El mundo del sueño y la vigilia, el misterio y el secreto, el ensueño y el terror acaban haciéndose visibles, a través de descripciones inquietantes.

Esta es una rareza dentro de la obra de Cavafis, que lo escribió influido por la lectura de Hoffman y Poe, con quienes compartió planteamientos estéticos como la unidad de impresión, la importancia de la sugerencia, la indefinición o el ensueño, que son fundamentales también en su poesía, igual que la intensidad del estilo, la voz de la primera persona, el destello visionario o el efecto suspensivo del final abierto.

Santos Domínguez

Reseña de “Psicoanálisis y arte de ingenio. De Cervantes a María Zambrano” en la revista Lectora, por Neus Carbonell

20080212 10:25

Os ofrecemos el artículo que Neus Carbonell, colaboradora y miembro del consejo de redacción de la revista Lectora. Revista de Dones i Textualitat, ha escrito sobre nuestra publicación Psicoanálisis y arte de ingenio. De Cervantes a María Zambrano, de Erminia Macola y Adone Brandalise.

Psicoanálisis y arte de ingenio.
De Cervantes a María Zambrano

Erminia Macola & Adone Brandalise
Málaga, Miguel Gómez Ediciones, 2004

Nos encontramos hoy aquí animados y animadas por el deseo: puesto que es siempre el deseo lo que hace posible el lazo social, como nos enseña el psicoanálisis de Jacques Lacan. Animados por el deseo, Erminia Macola y Adone Brandalise escribieron su libro El psicoanálisis y arte de ingenio sobre el encuentro entre psicoanálisis y literatura, del que hablan del siguiente modo: “El encuentro entre literatura y psicoanálisis no se produce, pues, entre un aparato de técnicas interpretativas y un conjunto de objetos,sino entre los deseos que operan en el corazón de prácticas intrínsecamente infinitas”.

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Reseña de “Retraducir: una nueva mirada” en la revista Encuentros de Santos Domínguez

20080118 10:28

Os ofrecemos a continuación la reseña que sobre Retraducir: una nueva mirada ha hecho Santos Domínguez en la revista Encuentros:

La retraducción de textos literarios y audiovisuales y la nueva mirada que los reinterpreta es el objeto de este Retraducir, el volumen colectivo que han coordinado Juan Jesús Zaro y Francisco Ruiz Noguera y que publica en Málaga Miguel Gómez Ediciones.
Organizado en tres partes, la primera de ellas es una introducción teórica que fija el concepto de retraducción como la nueva versión de un texto ya traducido y aborda su importancia en la literatura contemporánea y su repercusión en las producciones audiovisuales.

Son múltiples las razones que explican por qué se retraducen los textos de una lengua extranjera: el envejecimiento –no sólo estilístico- de las traducciones, la relectura, la revalorización de una obra, su actualización o la proyección de la poética del traductor sobre lo traducido.

Las dos secciones restantes plantean en sus distintos capítulos ejemplos concretos e ilustrativos de traducciones literarias y audiovisuales.

La parte central, la más amplia como es lógico, tiene como eje de referencia la retraducción de textos literarios, desde el Nuevo Testamento a El cementerio marino, desde Safo a Emily Dickinson o Rimbaud, sin que falten capítulos que abordan otros ejemplos de textos narrativos o teatrales.

Y finalmente una tercera parte no menos interesante en la que se analiza la retraducción visual de algunos textos literarios llevados al cine. La proyección de King Lear sobre la sociedad feudal japonesa que hizo Kurosawa en Ran, las adaptaciones de El corazón de las tinieblas en películas como El corazón del bosque o Apocalipse Now, las múltiples retraducciones de Mansfield Park de Jane Austen.

Y entre esos artículos, tres que merecen un subrayado especial: el excelente estudio de Aurora Luque sobre las traducciones de Safo; el análisis que hace Mercedes Enríquez sobre la fijación de un canon poético del Romanticismo inglés a través de las retraducciones en antologías, y el texto de Francisco Ruiz Noguera sobre la poética propia como impulso de la retraducción con el ejemplo del Cementerio marino de Valèry y sus traductores al español, desde Jorge Guillén, el primero, hasta Agustín García Calvo, el más reciente.

Resultado de un proceso de relectura y de una actualización, las reflexiones sobre la traducción y la retraducción que contienen estos artículos son muchas veces el punto de partida para la iluminación de los textos o para plantearse las siempre problemáticas y fecundas relaciones entre cine y literatura, entre lenguaje literario y lenguaje audiovisual.

Santos Domínguez

¿Quién teme al psicoanálisis?

20070321 10:25

Reseña de Germán Cano a la obra Exsistencia y sujeto, de Jorge Alemán y Sergio Larriera, aparecida el 21 de marzo de 2007 en el diario La Razón

Desconozco hasta qué punto “el siglo XXI será lacaniano o no será”, como afirmó hace unos días Jorge Alemán, pero desde luego, a la vista de la paulatina descomposición del cadáver del modelo filosófico de la hermenéutica —¡hay quien hablaba en los ochenta de este modelo como si fuera el nuevo horizonte insuperable!—, parece evidente que no podemos reflexionar sobre el mundo espectral que se avecina desprovistos del amargo y lúcido botiquín crítico del psicoanálisis. En un tiempo como el nuestro en donde la obscenidad de una vida cada vez más indistinguible de lo biológico satura todo escenario político, no nos basta ya con deconstruir o poner entre paréntesis el viejo sujeto clásico; es preciso dar un paso más y lidiar con el intruso incurable que mora en cada uno.

Si alguien ha roturado dicho camino en España, muchas veces a contracorriente, para llegar a comprender esta idea; si alguien nos ha enseñado a pensar con rigor en términos filosóficos el legado de Freud y Lacan, éste ha sido Jorge Alemán, muchas veces, como en esta ocasión, con su inseparable cómplice Sergio Larriera. El espacio reflexivo, a la fuerza no institucional, que ambos han sabido recortar desde hace veinte años no puede ser más oportuno para pensar el presente: la continuación del diálogo entre el filósofo que con más profundidad penetró en la esencia de la técnica y el psicoanalista que, en su ambicioso proyecto de “volver a Freud”, mejor supo deletrear la fuerza del deseo y sus trampas.

Efectivamente, pese a sus notables diferencias intelectuales y recelos mutuos, “tanto Freud como Heidegger constituyen los dos procedimientos más exhaustivos del desmantelamiento del sujeto moderno”. En ambos, el magno periplo formativo de la historia humana que, por última vez, tratara de reconstruir Hegel en la “Fenomenología” desemboca en un punto muerto: este viaje no nos lleva ya a ningún hogar, sino, quizá, a la clínica. Hoy las ganancias, como recuerdan varias veces Alemán y Larriera en el texto, sólo pueden proceder de las pérdidas. De ahí, pues, la urgencia de pensar en esta fractura inhóspita más allá de la lógica de una última totalidad reflexiva. Aquí Freud y Heidegger se ven obligados a desenterrar con mimo en el ámbito de la experiencia un espacio extremadamente frágil, silencioso, menesteroso de gestión, de un mayor cuidado y ocultado por las falsas alharacas de los “grandes acontecimientos”.

En la sutil y tensa conversación entre Heidegger y Freud que, por medio de Lacan, Alemán y Larriera reconstruyen, destacan no pocos desarrollos sugerentes. Pasemos revista muy someramente sólo a algunos. En primer lugar, la comparación entre el relato neurótico y la no asunción de la analítica de la “exsistencia”. Asimismo, la necesidad de añadir a la reflexión heideggeriana de “Ser y tiempo” la dimensión de la pulsión, la sexualidad y su diferencia, sospechosamente neutralizadas por el pensador alemán en virtud, creemos, de un reflejo defensivo.

Lejos de estériles aproximaciones académicas, el libro pone de manifiesto de este modo cuán útil puede llegar a ser pensar a Heidegger contra el propio Heidegger. Es decir, es posible, por ejemplo, descubrir en qué sentido el filósofo alemán no se atrevió a pensar hasta sus últimas consecuencias lo que él mismo había vislumbrado. Una posibilidad que puede surgir si lo interpretamos desde la singular “enseñanza” de Lacan y la experiencia analítica. Cuestiones, por ejemplo, como la culpa o la deuda, quizá excesivamente marcadas por el lastre conceptual existencialista, adquieren nuevas tonalidades cuando no son analizadas ontológicamente, sino desde el planteamiento freudiano de la finitud. Por último, cabría subrayar la fecunda interpretación “topológica” que los autores ofrecen de la filosofía del límite de Eugenio Trías desde este brillante y necesario telón de fondo teórico.
Germán CANO

Exsistencia y sujeto. Jorge Alemán y Sergio Larriera

Reseña de “Exsistencia y sujeto” en LETRA INTERNACIONAL a cargo de Luis Seguí

20070119 10:56

A continuación reproducimos la reseña que Luis Seguí a escrito sobre Exsistencia y sujeto, de Jorge Alemán y Sergio Larriera para LETRA INTERNACIONAL y que ha sido publicado en el nº 93 de la revista.

Penúltima muestra de la provechosa complicidad intelectual que sostienen desde hace muchos años los psicoanalistas de origen argentino Jorge Alemán y Sergio Larriera, Existencia y sujeto supone un paso más en la indagación de largo recorrido iniciada por ambos autores con Lacan: Heidegger: Un decir menos tonto (Ediciones C. T.P., Madrid,1989), obra inaugural de una nueva época en la relación entre filosofía y psicoanálisis en España, una relación que se remonta a las primeras décadas del siglo pasado, que fue interrumpida por la guerra civil y la dictadura franquista, y que ahora se retorna a través de un diálogo fecundo entre pensadores de ambas disciplinas. Como se sabe, las teorías de Freud tuvieron una introducción temprana en nuestro país, pero fueron casi unánimemente rechazadas por los psiquiatras de la época, y recibidas con muchos recaudos por filósofos como Ortega -aunque en 1922 las calificara como «la creación más original y sugestiva que ha cruzado en los últimos veinte años el horizonte de la psiquiatría»-. En realidad, fueron los médicos higienistas y los juristas quienes más se interesaron por aquellas y por su posible aplicación en sus respectivas especialidades, en el contexto de los acelerados cambios sociales que caracterizaron la vida española en los años de la Il República. De otro lado, hay que decir que Sigmund Freud mantuvo hasta el fin de sus días una actitud crítica hacia la filosofía, a la que excluía del campo de la ciencia por su «ilusión de poder brindar una imagen del universo coherente y sin lagunas (…) que por fuerza se resquebraja con cada nuevo progreso de nuestro sabeD>. Por su formación clásica y positivista, y en la pugna por obtener para el psicoanálisis el reconocimiento de su estatuto científico, Freud desconfiaba de las adherencias religiosas que arrastraba la filosofía, y es evidente que, pese a ser contemporáneos aunque de diferentes generaciones, un diálogo con Heidegger resultaba inviable. Hubo de ser la generación de la posguerra, representada en el psicoanálisis por el continuador de Freud, Jaques Lacan, la que hiciera comparecer a la filosofía ante el saber de la experiencia analítica. En esta obra, la homofonía entre existen-cia/exsistencia permite a los autores jugar con la doble acepción y sonido único, como ocurre en alemán con Dasein, el ser-ahí, que reúne el da (ahí) y el sein (ser).Ahora bien, ¿por qué Heidegger? En primer lugar, porque ha sido el filósofo más importante del siglo xx, pero fundamentalmente porque el autor de Ser y tiempo, al interrogarse sobre el ser desde el ángulo de una analítica existenciaria -que. no existencial, porque Heidegger se desmarcó del existencialismo-, percibe que ese ser adviene en el mundo contemporáneo signado por un defecto ontológico, estructural, como consecuencia de haber sido arrojado al mundo, a una existencia deudora y culpable. Si para Heidegger ese estar arrojado, ese estar-en-el-mundo es un estar caído -nada que ver con la llamada «naturaleza caída del hombre», consecuencia, para los cristianos, del pecado original-, muestra el carácter finito y negativo de la existencia, ello significa que esa exsistencia está construida desde la culpa y la deuda. y aquí es donde, precisamente, el pensamiento heideggeriano enlaza tangencialmente con el psicoanálisis, para el que el relato neurótico derivado del mito del asesinato del padre hace comparecer al sujeto como culpable, y donde Lacan sitúa la tachadura subjetiva padecida como falta de ser, en la estructura del lenguaje. «El ser deudor y culpable de Heidegger se encuentra y se reformula en la lógica de Jaques Lacan: ahora es el sujeto del inconsciente el que traduce su falta de ser en términos de culpa y deuda», nos dicen Alemán y Larriera. Pero frente a la hermenéutica del «yo soy» contenida en Ser y tiempo, nuestros autores dedican su esfuerzo a introducir lo que se ha dado en llamar la «página ausente» en la filosofía heideggariana, esto es, el concepto de castración, por cuya vía hacen acto de presencia, en el advenimiento de la subjetividad, la imposibilidad de la relación sexual y los diversos modos de gozar.

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Presentación, a cargo de Fernando Ojea, de la obra “Pensar la psicosis” de Enrique Rivas

20061010 19:30

Enrique rivas. Pensar la psicosisA continuación incluimos la intervención del filósofo Fernando Ojea en la presentación de la obra de Enrique Rivas Pensar la psicosis en la que también intervinieron Jorge Aleman, Ricardo Saiegh y Begoña Olabarría.

En lo que se refiere al contenido, también puede declararse la importancia del tema escogido, su eventual repercusión en otras disciplinas en principio ajenas a la que sirve de plataforma al autor; pueden también destacarse la singular penetración intuitiva y hasta la originalidad del texto. Todas estas cualidades podrían atribuírse al libro de Enrique Rivas. ¿Entonces qué? ¿Se ha acabado la función del presentador y ya no hay más que decir? No, podemos hablar desde otra perspectiva, una, por ejemplo, que abandone las características del libro como mero objeto cultural y que trascienda, como corresponde a un libro de pensamiento, hacia su eventual incidencia en el campo del saber. En este sentido, se me ocurre hablar desde la doble perspectiva de la eficacia y de la necesidad de una obra. Podemos definir su eficacia como la exposición rigurosa y exhaustiva de cierto asunto, que garantiza de esa manera su justa comprensión. Por exhaustividad no entiendo que el autor agote todas las posibles dimensiones del tema, sino que evite, lo que no es frecuente, plantear cuestiones no sólo sin resolver sino además privando al lector de todo recurso para emprender su eventual solución. Un texto eficaz es el que ofrece al menos una propuesta de solución a cada uno de los problemas planteados. El libro de Enrique Rivas cumple éste requisito: junto al rigor conceptual de la exposición, nos encontramos con la transparencia de un texto que no promete lo que no dá y que dá lo que promete.

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Jorge Alemán y Sergio Larreira indagan en el pensamiento de Lacan en su nuevo libro

20060918 17:21

Exsistencia y sujeto. Jorge Alemán y Sergio LarrieraEl pasado viernes 15 de septiembre apareción en el diario SUR de Málaga la siguiente reseña de el último libro de Jorge Aleman y Sergio Larriera.

Los escritores Jorge Alemán y Sergio Larreira siguen trabajando en el campo de la filosofía y el pensamiento en su nuevo libro, ‘Existencia y sujeto’, que ha publicado el sello malagueño Miguel Gómez Ediciones. Esta obra supone un nuevo giro de la investigación que desde hace más de veinte años realizan los autores en torno la pensamiento de Jacques Lacan. Los escritores comenzaron a mitad de los años setenta a transmitir la enseñanza de Lacan en España, fundando la primera revista e institución psicoanalítica de Madrid con dicha orientación: ‘Serie Psicoanalítica’. Además, han publicado varias obras sobre este tema. / R. C.


Dolor y conciencia. Montagut se enfrenta a “La voluntad de los metales”

20060630 14:27
El 4 de mayo de 2006 apareció esta crítica al último libro de M. Cinta Montagut La voluntad de los metales en el Diario de Córdoba, en la sección Cuadernos del Sur.Critica a La voluntad de los metales de M. Cinta Montagut. Colección Capitel nº 22. Miguel Gomez Ediciones

Crítica de La voluntad de los metales, de Cinta Montagut. Por Rosa Lentini

20060312 14:36
La voluntad de los metales, de Cinta MontagutSi bien es cierto que en nuestro actual mercado de libros de narrativa –y esto resulta igualmente válido para la poesía- se pone más atención al descubrimiento de jóvenes valores, no es menos cierto que esos jóvenes valores son más la excepción que el común denominador, que es la disposición natural del escritor a madurar con los años. Éste es el caso innegable de la poeta madrileña radicada en Barcelona, Maria Cinta Montagut quien, con La voluntad de los metales (1), modula la idea que ya en su segundo libro, Como un lento puñal (Sevilla, 1980) destaca Marta Pessarodona en el prólogo, la del “yo como cazador solitario”, que Cinta toma de la novela El corazón es un cazador solitario, de Carson Mac Cullers, y que desarrolla a lo largo de toda su obra, esto es, el otro concebido como complemento de la propia soledad, la vieja idea platónica en donde es esa soledad la que se pone especialmente de relieve. Y en ese contexto la palabra es el medio para llegar a lo ajeno tanto como el conocimiento de sí, la anagnórisis. Antes, sobrado es decirlo, hay que pasar por un descenso a los infiernos, una lucha con el ángel que se sucede cotidianamente, en El tránsito del día (como reza otro de sus títulos; Málaga, Miguel Gómez Ediciones, 2001). El contrapeso es la esperanza de que acaso la palabra sea el punto convergente que concilie la ausencia de la ansiedad de amar con la trascendencia que lleva a la comprensión del otro y a su cercanía. Al final ambos supuestos antagonismos no resultan sino anclajes contra el paso del tiempo. Su poesía incide en el hecho de robarle la verdad al tiempo, conocimiento por medio de la poesía, y silencio entendido como génesis, paso y regeneración.

Con La voluntad de los metales, y a partir del descenso a los infiernos Colectivo que fue el atentado al World Trade Center de Nueva York en septiembre de 2001, al que no hace referencia directa -para que el atentado sea símbolo de cualquier masacre-, sino a través de un conocido poema de Poeta en Nueva York de Lorca “Ciudad sin sueño”(”No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.”), la mirada queda convertida en un gran ojo, que, como una lente de aumento, en poemas que no dejan paso a versos poco trabajados, recorre el horror de la destrucción y la muerte a partir de lo minúsculo: el polvo de los metales en el aire tras el derrumbamiento de las torres gemelas, las pequeñas escenas individuales, donde lo mínimo cobra dimensión de destino. Una visión de microscopio de la que la poeta conoce sus riesgos: falta de objetividad, descripción del espanto en extremo minuciosa y en consecuencia esperpéntica. Pero el uso de un lenguaje directo, fulminante, a veces irónico, en poemas de ira contenida que eliminan un uso escabroso relegando toda morbosidad, y que denuncian y nombran, incluida la propia impotencia, alejan los supuestos peligros. Una mirada atenta conlleva una palabra atenta, aún cuando no hay la confianza de que el discurso sea capaz de transformar o de que siquiera incite a sobrevivir. Pero como estamos hechos de la misma materia que el lenguaje, incluso cuando éste deja sólo “esquirlas de sílabas”, la forma de sus huellas, hemos que dar testimonio para que no se vuelvan hegemónicas las “noches inciertas sin palabras”. En algún lugar de esa palabra el plomo, vuelto esquirla –que es sinónimo de dureza-, da a veces en la diana.

Si la primera parte del libro es una línea de salida, donde se sitúa el cuadro de enfoque, la segunda es un recorrido por un mundo de desesperanza, de donde el mar, como elemento de vida, ha desertado. Estamos, pues, en el infierno, la tierra se ha vuelto un enorme crisol en cuyo interior se funden los metales. El único color emergente es el gris, el plomo del edificio derrumbado y convertido en polvo de ceniza. La mirada también se calcina, y las palabras, al personalizarse, vueltas hueso y carne, son, a su vez, susceptibles de quedar heridas. El plomo todo lo contamina, pone de relieve solo las formas y de repente no hay espacio ni lugar conocido, todos los nombres, los de los vivos y los de los muertos, se han vuelto anónimos.

Ya en la tercera parte se puntualiza que ese anonimato de lo “otro”, esos nombres que se desconocen forman también parte del yo: “L´inconnu, qui meurt à genoux/ c´est moi/ quelle que soit/ l´odeur de son ombre” [Lo desconocido, que muere de rodillas/ soy yo/ cualquiera que sea/ el olor de su sombra.] es el epígrafe que Mª Cinta Montagut toma de un poema de la poeta de habla francófona Nadia Tueni. Cinta recoge de otra voz de mujer, la de la italiana Antonella Anedda, la idea de que la realidad no es tenaz, y por tanto necesita nuestra protección y la integra en páginas que describen un universo desbordado y, por tanto, perdido.

Podríamos decir que la desolación hace de este libro una suerte de poética de la madurez, donde también la palabra, ese antiguo espacio en el que cobijarse, la casa del lenguaje, es cuestionada y desmitificada, por su incapacidad para renombrar o para detener o siquiera describir el desastre.

Pero ahora, más que nunca y precisamente por las pocas cosas vivas que quedan en pie, esa palabra se vuelve una lucha cuerpo a cuerpo para sobrevivir.

En definitiva ni mirada ni palabra son ya inocentes “Óxido en la saliva/ en la boca, en los ojos. (…) / en el lugar preciso de la rabia.” y el descenso se vuelve más concéntrico, donde el ojo que acecha se sitúa en el mismo estallido, más acusador: el “disparo inocente” empieza desde las mismas casetas con hileras de patos, más irónico: haciendo desaparecer los colores, pues “no se puede negar que en blanco y negro/ quedan los reportajes más discretos.” La permanencia sólo habita en el mar, en el deseo augural, en tierra sólo quedan, dice Cinta casi con sarcasmo, esos muertos molestos, cuyas bocas y ojos hay que sellar con “sal gruesa”, cuyas cenizas quedan por tierra, “su silencio bajo llave”.

Rosa Lentini