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“A favor de una ciencia abierta, contra el autoritarismo científico” por Luis Roca Jusmet

20110907 16:53

Reseña de El autoritarismo científico, de Javier Peteiro
por Luis Roca Jusmet

Se trata, para concluir, de un libro que merece ser leído sin reservas. Valgan mis críticas para defenderlo y no para denostarlo, ya que no hay mejor texto que el que te da materiales para pensar por uno mismo. Agradecerle también a mi amigo Javier Peteiro su actitud abierta, que sale de la arrogancia del cientificismo que critica, y que sea capaz de plantear un debate público tan apasionante.

Podéis leer la crítica completa en su blog Materiales para pensar
http://luisroca13.blogspot.com/2011/07/favor-de-una-ciencia-abierta-contra-el.html#more
o en  Rebelión, donde también lo han publicado
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=135212

“El autoritarismo científico” en ABC Cultural

20110225 13:32

El 24 de diciembre publicaron una reseña de El autoritarismo científico en el ABC Cultural

Javier Peteiro ha escrito un libro valioso sobre un tema central: el cientificismo y su vertiente autoritaria. Peteiro es científico de gran formación y su crítica parte de la defensa del individuo, la ética, la libertad y la sabiduría. Lleva a cabo, con lucidez y cultura científica admirables, una crítica de la razón científica, porque es en términos kantianos como puede comprenderse su reflexión. El cientificismo es el discurso intelectual basado en uno o varios aspectos de la ciencia que se postula como respuesta única a las viejas y siempre renovadas preguntas de Kant: qué puedo saber, qué debo hacer, qué me es permitido esperar. No es extraño que algunos científicos hayan dado la espalda a la filosofía, especialmente tras los galimatías de una veta del idealismo alemán; pero hay una negación del pensamiento filosófico por parte del cientificismo que, como denuncia Peteiro, tiene raíces muy complejas y peligrosas. Algunos físicos persiguen, y quizás sea posible, una teoría que unifique la de la relatividad y la cuántica, pero difícilmente se podrá reducir a esa teoría unificadora la biología y la neurociencia.

Diversidad de lo vivo

La evolución puede aclarar la diversidad de lo vivo, pero el hombre es esencialmente creador y esta especificidad, contiene algo que escapa a las explicaciones estructurales o fórmulas reductivas. Peteiro se opone al reduccionismo epistemológico y ontológico. Es un gran defensor de la persona: como enfermo y no enfermedad, como sujeto de la sabiduría, que no puede ser colectiva, como sí lo es la tecnología y el saber socializado (científico), como ser res ponsable y, por lo tanto, libre, respondiendo así al asuismo cientificista que hace de nuestras pasiones una mera fantasmagoría de una realidad fuerte (físico-química-biológica)

La reacción de Peteiro frente al conductismo genérico se basa en las mismas sospechas, añadiendo una eficaz crítica de la pretensión de que, aunque no conozcamos a fondo ni definitivamente nuestra naturaleza, sí podemos cambiarla. En los comienzos del XX, desembocando en el nazismo, fue la eugenesia; hoy es la tecnociencia puesta al servicio de un concepto simple y pragmático de lo que es complejidad e irresolución: la condición humana.

En este aspecto son muy importantes las páginas dedicadas a ciencia, mercado (industria farmacéutica) e ingeniería genética vinculados a la salud entendida como felicidad cuando no como inmortalidad. Señala los peligros de una ciencia dependiente cada vez más del mercado en la que lo técnico y lo epistémico se dan la mano y, por lo tanto, empeñada en realizar lo posible una ciencia “que ha dejado de leer el libro de la vida y ahora quiere escribirlo”; la comprensión de la mente reducida a cerebro y éste traducido a un software informático.

Sociedad y mercado

Es cierto: muchos científicos se oponen a esta noción basada en un fundamentalismo genético (<<todo está en los genes»), pero Peteiro se dirige, sobre todo, a los peligros ya existentes. Se trata de un libro crítico que no rehúsa designar el camino de un humanismo complejo cuya unidad es la persona. Javier Peteiro reivindica la necesidad de un lenguaje exterior a la tendencia cerrada del cientificismo incapaz de examinar sus presupuestos. Esta debería ser la labor de la filosofía de la ciencia. Es urgente saber qué sociedad está proponiendo el cientificismo y sus aliados en el mercado mundial. Como conocimiento la actividad de la ciencia va más allá de quienes la ejercen de ahí la necesidad de restaurar las grandes cuestiones, afirma Peteiro. Cierto, pero ¿no ha expulsado la filosofía misma esas cuestiones, entre otras las metafísicas, que muchos científicos han hecho suyas?

Es admirable que al final de este libro -un libro necesario- Peteiro nos recuerde el verso de Hólderlin que postula habitar la tierra poéticamente: creativamente que quiere decir descubrimiento (no invención), una actitud compatible con la ciencia, pero que el cientificismo ha expulsado de su tarea. Un tema inagotable surge de nuevo: ¿Cuál es nuestra naturaleza? Y hay que añadir: ¿cuál es la naturaleza de la naturaleza?
JUAN MALPARTIDA

Humanismo complejo

Defensor de la persona. Javier Peteiro, doctor en Medicina, reivindica la ética, la libertad y la sabiduría, aspectos que muchas veces no se tienen en cuenta en el cientificismo dominante.

Nueva fe atea. Para llenar el vacío que han dejado los discursos tradicionales -sostiene Peteiro-, se sacraliza la ciencia, con el riesgo de que cualquier cuestionamiento se juzgue como retrógrado.
Ingeniería genética. Lo advierte este ensayo: la ciencia «ha dejado de leer el libro de la vida y ahora quiere escribirlo». A la izquierda la oveja Dolly, que en 1996 se convirtió en el primer mamífero clonado

El modelo de civilización, a debate

20101221 10:17

Francisco Javier Peteiro Cartelle era un pensador oculto. Digo era porque El autoritarismo científico lo saca de la discreción ilustrada, para situarlo a un alto nivel en el debate sobre nuestro modelo de civilización. Este ensayo es su primer libro, pero viene precedido de una notable actividad científica. Javier Peteiro, doctor en Medicina y especialista en Análisis Clínicos, es el jefe de sección de Bioquímica y Laboratorio de Alergia del Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña, y autor de publicaciones internacionales sobre biofísica de la cinética celular, inmunoquímica y nanotecnología aplicada a la medicina. Su posición, dentro del campo de la ciencia, le permite hacer una crítica al cientificismo especialmente rigurosa e iluminadora.
Con una prosa ágil y amena que permite leer el libro de un tirón, Javier Peteiro inicia su reflexión distinguiendo la ciencia de las falsas ciencias. La ciencia, aliada de las luces, está muy alejada del cientificismo que impregna el discurso social dominante en la actualidad. El autor nos advierte sobre la ambición científica de predecir todo lo humano y transformarlo según criterios de normalidad definidos desde la propia ciencia. Demuestra la tendencia a la sacralización de la ciencia que el científicismo implica. La ciencia así concebida pasa a ser dogma, sus divulgadores los nuevos sacerdotes y sus resultados la única esperanza. La deriva cientificista conduce a un nuevo oscurantismo y a un modelo de civilización profundamente inquietante. Peteiro, tras realizar un desarrollo crítico perfectamente documentado sobre las falacias supuestamente científicas, concluye su obra afirmando que el cientificismo es la nueva fe atea que trata de llenar el vacío que han dejado el ocaso de los discursos tradicionales. Este ensayo de Javier Peteiro es fundamental por lo que aclara y por lo que sugiere. El intento de imposición del discurso cientificista, como modelo único, favorece la anulación de las diferencias ideológicas. Por eso es un discurso que ha pasado a ser patrimonio común de izquierdas y derechas, porque todo aquello que es postulado como verdad científica trasciende el debate de las ideas y no admite cuestionamientos ideológicos. Por todo esto, este libro de Javier Peteiro es especialmente oportuno en el momento actual de la civilización. El autoritarismo científico es una obra de alto valor epistémico, pero también una apuesta ética por la libertad.

Manuel Fernández Blanco

La Voz de Galicia.
Sábado 4 de diciembre de 2010
Culturas

Soledad de los sueños. Crítica a ‘Desconcierto’ de M. Cinta Montagut

20101125 12:32

Crítica aparecida en el DIARIO CÓRDOBA,
el Sábado 23 de octubre del 2010, en los Cuadernos del Sur.
Escrito por Juana Castro.

Soledad de los sueños. Nuevo libro de María Cinta Montagut

El tiempo y la escritura. Alguien ve pasar el tiempo y el mundo mientras se abre –otra vez– a la palabra, al deseo y la costumbre de la palabra escrita. Por la soledad contenida, por la melancolía que acecha entre objetos y libros, durante su lectura nos viene al recuerdo el ensayo de Carmen Martín Gaite Desde la ventana, quizá porque el poemario de Cinta Montagut transmite ese ambiente cerrado de la mujer contemplando entre interiores el paso de los otros. El libro respira soledad, y refleja ese momento de la vida en que se hacen cuentas y lo único que se saca en claro es abatimiento, edulcorado por las acciones del quehacer mecánico:

“La tarde me interroga silenciosa

prendida en el tejado ennegrecido

presente en mi ventana”.

Poemas breves, que nunca sobresalen de una página, distribuidos en dos partes centrales más una primera de introducción, que consta de tres textos. Alguien observa las estanterías, los libros, las copas “dispuestas cual soldados en orden de combate”. Son fragmentos de vida, de miradas y de sucesos desprovistos de referencia narrativa, con el hilo conductor de la nostalgia o de lo inevitable que sigue sucediendo. Por ejemplo, en el poema I de la parte III, se narra un suceso sin narrarlo, la atención se dirige únicamente a la noticia telefónica y a lo que hicieron los supuestos receptores de la misma:

“Cuando sonó el teléfono de madrugada

hicimos lo que habíamos previsto: doblamos los pensamientos y la ropa,

dejamos en hilera los vasos y las tazas,

cerramos los postigos y los ojos

y esperamos.

(…)

Siempre llegan así las noticias,

abren profundos agujeros en el sueño

hacen temblar las sábanas dormidas

y provocan heridas en la sombra”.

Se trata de poemas musicales, de construcción y de dicción perfectas, que dirigen y se quedan en lo esencial, aun estando poblados de objetos y aun partiendo de cosas materiales. Y, si no fuera por el poema VII, en la parte II, no tendríamos por qué relacionar la voz poética con la de su autora, pues en el poemario no existen marcas de género:

“Quien no sabe del tiempo y de las horas

no sabe, y tal vez ni sospecha,

que ser mujer dura toda la vida

más allá de palabras que niegan

o falsean la historia”.

Pero, en medio de ese lento acontecer, la mirada se lanza afuera, hacia el mar y los barcos, a las carreteras de los mapas que “esconden aventuras y paisajes”, y el agua que busca la salida o el cauce, de algún modo podría ser la imagen de la aventura, de la libertad que queda fuera, fuera de “la soledad que destilan los sueños”: “Hay que cerrar los ojos y no ver / cómo el agua busca la salida / baja los escalones uno a uno (…) El agua traza siempre caminos / y nunca vuelve atrás”.

Y entre recuerdos que suben a la garganta o domingos por la tarde, se recompone el gesto y se sigue camino adelante: “Hay que vivir serenamente: / tomar el autobús en las paradas / y dar los buenos días / también las buenas noches / si se tercia./ (…) La ciudad es hermosa / y hay que saber vivir serenamente / aunque oculte el asfalto / mil deseos no dichos / y mil gotas de sangre”. La poesía de Montagut se ha ido enhebrando en ocho títulos desde su inicial Cuerpo desunido (1979), Par (1983) o La voluntad de los metales (2006), formando un todo coherente, sobrio, que aquí se adelgaza mientras se adensa, se hace universal y aporta una reflexión a pie de casa, con medios casi domésticos: del paso del tiempo, del engaño del vivir, de la escritura, del envejecimiento y de la proximidad de la muerte en esta lectura amena, de expresión tan fácil como metafísica y profunda.

Desconcierto.

Autora: M. Cinta Montagut.

Edita: Miguel Gómez Ediciones. Málaga 2010.

Juana Castro.

Las fronteras de yo. Crítica a ‘Desconcierto’ de M. Cinta Montagut

20101116 01:14

El Perseguidor nº 16
del sábado 23 de octubre de 2010.

Las fronteras de yo, escrito por
Federico Gallego Ripoll

Con Desconcierto, Mª Cinta Montagut ejecuta un giro más en su movimiento centrípeto de constatación poética de un yo vulnerable. Ningún poeta verdadero, tampoco Mª Cinta, es dueño del paisaje por donde transita. Su función es la de revelárnoslo como si fuera contemplado por ambos al unísono, y por primera vez. Todo poeta verdadero, también Mª Cinta, nos implica en su propio trayecto haciéndonos partícipes de lo experimentado poéticamente, trasladando el centro de gravedad del hecho poético desde el yo que asume la escritura como un gesto generador de experiencia (la palabra conoce conociendo), al yo que percibe lo escrito como una evidencia compartida (el lector expande su realidad asumiendo el poema, instalándolo en su propia capacidad de empatía y emoción).

Desde su primer libro de 1979, Cuerpo desnudo, hasta este Desconcierto tan bellamente editado por Miguel Gómez en Málaga, el trayecto realizado a través de sus nueve entregas por Mª Cinta Montagut, se ha ido formalizando, de manera decidida, en pos de un aquilatamiento de pocas pero firmes premisas, que son el hilo conductor de toda su poesía. Aspecto primordial en ella es la importancia de la escritura como lugar donde hace residir al yo, como terreno propio, resguardado, desde el que establecer su diálogo con el mundo. Así la ciudad y el paisaje, el amor anhelado, la compañía… en cuanto lo externo, aparecen como oposición al ser, y cuya confrontación, territorio también de su poesía, es la frontera, el límite, lo que comunica y distancia: lo que destaca y contrapone el yo frente a lo otro.

En Desconcierto, ya desde la primera parte, se instaura la escritura como única posibilidad de refugio. La palabra, la tinta, las letras, el libro, son el agua profunda en cuyo fondo reposa el metal que devuelve la imagen real de la poeta. La asunción de la verdad cotidiana como trasunto de la verdad poética, que es en la que la poeta se reconoce, y la que comparte, trastoca el orden habitual de preeminencias. Es en la memoria escrita donde reside ese núcleo de identidad que quiere preservar y transmitir. Y lo hace integrando sus límites en la propia creación: esa triple frontera en la que establece la dialéctica de su poesía; una triple frontera que es el territorio donde se constituye y comunica, desde donde toca y llama, donde recibe y asume.

La primera de estas tres fronteras es el propio cuerpo, entendido como una realidad dilatada que experimenta la sensación de vivir desde distintas y concéntricas lindes (la física, la emocional, la intelectual, la trascendente). Así todo lo vivido, lo intentado, lo soñado, lo recordado, sucede en el presente rotundo del poema, cuando la voz de la poeta conjura deseos, insatisfacciones y logros, en una realidad tangible cuyo ámbito de experiencia es el de la casa, el de la habitación, trasunto íntimo del propio yo expandido de la autora, que implica su experiencia en su discurso. La casa se establece como parte de ese yo expandido, centro, referencia, ancla, ágora donde todo confluye, donde es preciso que todo esté para ser y, en ella, los objetos cotidianos enumerados como parte de la propia identidad de la autora.

Las alusiones al paisaje siempre parecen ser establecidas desde la ventana: segunda frontera. La casa es el yo-refugio desde el que contempla “en la ventana del mundo, el transcurrir del tiempo”. También los exteriores se constituyen como recinto estático: los barcos huyen, los niños lloran y el rojo se difumina. Contemplar un paisaje es advertir que la vida sigue, pero que el sueño se ha detenido frente al mar, y es la memoria el territorio donde se cumple la realidad deseada. Porque también la mirada toca y asume.

Y, por fin, aparece el tiempo, en tercer lugar, también como frontera física, como territorio que hay que delimitar de manera continuada porque sus perfiles son siempre cambiantes: el tiempo y el tiempo diario, la permanente alusión a la hora del día, como dando fe de que ahora, en este momento, se vive; el tiempo es una frontera que se extiende también a ese límite en el que la poesía transcurre, que es el de las horas intermedias, cuando la luz decrece para ofrecer la noche como territorio de la verdad frente al día confuso; lugar de la palabra donde cristaliza el deseo de comunicación como afirmación de la propia estima y la sublimación del sentimiento, que se concreta más en el recuerdo, el sueño o el deseo, que la poeta instaura en su universo cotidiano para que adquiera carnalidad.

Escritura, cuerpo, casa y tiempo. Estos elementos, presentes en toda su obra, adquieren en Desconcierto mayor preeminencia al resolverse en más insistentes, como si esa verdad poética le fuera aproximando a su propio centro en un viaje circular, centrípeto, en el que se ha ido desapegando de cuanto no le resultara fundamental. Su poesía cristaliza a través de un discurso articulado que se ofrece a manera de visión fragmentada de una realidad ininterrumpida, que transcurre en ese escenario único que es el yo y sus fronteras. La poesía -sin títulos- se produce entonces no como objeto delimitado, sino como iluminación de un segmento de la estancia o de la historia, un instante compartido que habla de un antes y un después, siendo la forma en que aparece una porción mínima de una realidad que le sobrepasa.

Y aunque siga prevaleciendo en su verdad la afirmación de que lo más importante es siempre lo invisible, se rescata la vida, su constatación, desde el hecho de nombrar los pequeños objetos cotidianos, sus detalles, que son testimonio de su realidad y que a veces se integran en auténticos autorretratos, como la descripción de sus manos. Nada se oculta, todo es natural, y Mª Cinta Montagut se propone “acercarse a las cosas”. Es posible que perder el miedo a las cosas conlleve el perder también el miedo a uno mismo. Quizás el “desconcierto” de este libro sea la hermosa búsqueda inútil de ese instante de luz en que el tiempo se hace eterno, y en él nosotros; las fronteras se disuelven, y las palabras de Mª Cinta Montagut son la vanguardia del ser que intenta el gesto. Asumiéndolas, podemos, como lectores, traspasar la frontera. Porque todo poeta auténtico escribe también desde nuestra realidad. Y por ello no somos ajenos a cuanto se comparte desde este libro.

Reseña de “A la luz del día” de Cavafis en la revista Encuentros por Santos Domínguez

20080220 12:48

Os ofrecemos a continuación la reseña que Santos Domínguez ha hecho sobre A la luz del día en la revista Encuentros:

Del lugar de la literatura en donde se encuentran Poe y Baudelaire, de las raíces que alimentan la narración y la poesía contemporáneas, surge A la luz del día, el relato breve de Constantino Cavafis que publica por primera vez en castellano Miguel Gómez Ediciones, con edición de Pedro Bádenas de la Peña, traductor de la poesía de Cavafis y buen conocedor de una obra que comparte temas, actitudes y ambientes alejandrinos con este relato.

A la luz del día permaneció inédito hasta 1979, en que se editó en la Universidad de Palermo, y pertenece al terreno de la literatura fantástica. La irrupción de lo sobrenatural en lo cotidiano, la difuminación de las fronteras entre lo lógico y lo mágico son algunas de las constantes de un subgénero que se puso de moda a finales del XIX.

A la luz de día desarrolla una trama sencilla a partir de una conversación trivial. El mundo del sueño y la vigilia, el misterio y el secreto, el ensueño y el terror acaban haciéndose visibles, a través de descripciones inquietantes.

Esta es una rareza dentro de la obra de Cavafis, que lo escribió influido por la lectura de Hoffman y Poe, con quienes compartió planteamientos estéticos como la unidad de impresión, la importancia de la sugerencia, la indefinición o el ensueño, que son fundamentales también en su poesía, igual que la intensidad del estilo, la voz de la primera persona, el destello visionario o el efecto suspensivo del final abierto.

Santos Domínguez

Reseña de “Psicoanálisis y arte de ingenio. De Cervantes a María Zambrano” en la revista Lectora, por Neus Carbonell

20080212 10:25

Os ofrecemos el artículo que Neus Carbonell, colaboradora y miembro del consejo de redacción de la revista Lectora. Revista de Dones i Textualitat, ha escrito sobre nuestra publicación Psicoanálisis y arte de ingenio. De Cervantes a María Zambrano, de Erminia Macola y Adone Brandalise.

Psicoanálisis y arte de ingenio.
De Cervantes a María Zambrano

Erminia Macola & Adone Brandalise
Málaga, Miguel Gómez Ediciones, 2004

Nos encontramos hoy aquí animados y animadas por el deseo: puesto que es siempre el deseo lo que hace posible el lazo social, como nos enseña el psicoanálisis de Jacques Lacan. Animados por el deseo, Erminia Macola y Adone Brandalise escribieron su libro El psicoanálisis y arte de ingenio sobre el encuentro entre psicoanálisis y literatura, del que hablan del siguiente modo: “El encuentro entre literatura y psicoanálisis no se produce, pues, entre un aparato de técnicas interpretativas y un conjunto de objetos,sino entre los deseos que operan en el corazón de prácticas intrínsecamente infinitas”.

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Reseña de “Retraducir: una nueva mirada” en la revista Encuentros de Santos Domínguez

20080118 10:28

Os ofrecemos a continuación la reseña que sobre Retraducir: una nueva mirada ha hecho Santos Domínguez en la revista Encuentros:

La retraducción de textos literarios y audiovisuales y la nueva mirada que los reinterpreta es el objeto de este Retraducir, el volumen colectivo que han coordinado Juan Jesús Zaro y Francisco Ruiz Noguera y que publica en Málaga Miguel Gómez Ediciones.
Organizado en tres partes, la primera de ellas es una introducción teórica que fija el concepto de retraducción como la nueva versión de un texto ya traducido y aborda su importancia en la literatura contemporánea y su repercusión en las producciones audiovisuales.

Son múltiples las razones que explican por qué se retraducen los textos de una lengua extranjera: el envejecimiento –no sólo estilístico- de las traducciones, la relectura, la revalorización de una obra, su actualización o la proyección de la poética del traductor sobre lo traducido.

Las dos secciones restantes plantean en sus distintos capítulos ejemplos concretos e ilustrativos de traducciones literarias y audiovisuales.

La parte central, la más amplia como es lógico, tiene como eje de referencia la retraducción de textos literarios, desde el Nuevo Testamento a El cementerio marino, desde Safo a Emily Dickinson o Rimbaud, sin que falten capítulos que abordan otros ejemplos de textos narrativos o teatrales.

Y finalmente una tercera parte no menos interesante en la que se analiza la retraducción visual de algunos textos literarios llevados al cine. La proyección de King Lear sobre la sociedad feudal japonesa que hizo Kurosawa en Ran, las adaptaciones de El corazón de las tinieblas en películas como El corazón del bosque o Apocalipse Now, las múltiples retraducciones de Mansfield Park de Jane Austen.

Y entre esos artículos, tres que merecen un subrayado especial: el excelente estudio de Aurora Luque sobre las traducciones de Safo; el análisis que hace Mercedes Enríquez sobre la fijación de un canon poético del Romanticismo inglés a través de las retraducciones en antologías, y el texto de Francisco Ruiz Noguera sobre la poética propia como impulso de la retraducción con el ejemplo del Cementerio marino de Valèry y sus traductores al español, desde Jorge Guillén, el primero, hasta Agustín García Calvo, el más reciente.

Resultado de un proceso de relectura y de una actualización, las reflexiones sobre la traducción y la retraducción que contienen estos artículos son muchas veces el punto de partida para la iluminación de los textos o para plantearse las siempre problemáticas y fecundas relaciones entre cine y literatura, entre lenguaje literario y lenguaje audiovisual.

Santos Domínguez

¿Quién teme al psicoanálisis?

20070321 10:25

Reseña de Germán Cano a la obra Exsistencia y sujeto, de Jorge Alemán y Sergio Larriera, aparecida el 21 de marzo de 2007 en el diario La Razón

Desconozco hasta qué punto “el siglo XXI será lacaniano o no será”, como afirmó hace unos días Jorge Alemán, pero desde luego, a la vista de la paulatina descomposición del cadáver del modelo filosófico de la hermenéutica —¡hay quien hablaba en los ochenta de este modelo como si fuera el nuevo horizonte insuperable!—, parece evidente que no podemos reflexionar sobre el mundo espectral que se avecina desprovistos del amargo y lúcido botiquín crítico del psicoanálisis. En un tiempo como el nuestro en donde la obscenidad de una vida cada vez más indistinguible de lo biológico satura todo escenario político, no nos basta ya con deconstruir o poner entre paréntesis el viejo sujeto clásico; es preciso dar un paso más y lidiar con el intruso incurable que mora en cada uno.

Si alguien ha roturado dicho camino en España, muchas veces a contracorriente, para llegar a comprender esta idea; si alguien nos ha enseñado a pensar con rigor en términos filosóficos el legado de Freud y Lacan, éste ha sido Jorge Alemán, muchas veces, como en esta ocasión, con su inseparable cómplice Sergio Larriera. El espacio reflexivo, a la fuerza no institucional, que ambos han sabido recortar desde hace veinte años no puede ser más oportuno para pensar el presente: la continuación del diálogo entre el filósofo que con más profundidad penetró en la esencia de la técnica y el psicoanalista que, en su ambicioso proyecto de “volver a Freud”, mejor supo deletrear la fuerza del deseo y sus trampas.

Efectivamente, pese a sus notables diferencias intelectuales y recelos mutuos, “tanto Freud como Heidegger constituyen los dos procedimientos más exhaustivos del desmantelamiento del sujeto moderno”. En ambos, el magno periplo formativo de la historia humana que, por última vez, tratara de reconstruir Hegel en la “Fenomenología” desemboca en un punto muerto: este viaje no nos lleva ya a ningún hogar, sino, quizá, a la clínica. Hoy las ganancias, como recuerdan varias veces Alemán y Larriera en el texto, sólo pueden proceder de las pérdidas. De ahí, pues, la urgencia de pensar en esta fractura inhóspita más allá de la lógica de una última totalidad reflexiva. Aquí Freud y Heidegger se ven obligados a desenterrar con mimo en el ámbito de la experiencia un espacio extremadamente frágil, silencioso, menesteroso de gestión, de un mayor cuidado y ocultado por las falsas alharacas de los “grandes acontecimientos”.

En la sutil y tensa conversación entre Heidegger y Freud que, por medio de Lacan, Alemán y Larriera reconstruyen, destacan no pocos desarrollos sugerentes. Pasemos revista muy someramente sólo a algunos. En primer lugar, la comparación entre el relato neurótico y la no asunción de la analítica de la “exsistencia”. Asimismo, la necesidad de añadir a la reflexión heideggeriana de “Ser y tiempo” la dimensión de la pulsión, la sexualidad y su diferencia, sospechosamente neutralizadas por el pensador alemán en virtud, creemos, de un reflejo defensivo.

Lejos de estériles aproximaciones académicas, el libro pone de manifiesto de este modo cuán útil puede llegar a ser pensar a Heidegger contra el propio Heidegger. Es decir, es posible, por ejemplo, descubrir en qué sentido el filósofo alemán no se atrevió a pensar hasta sus últimas consecuencias lo que él mismo había vislumbrado. Una posibilidad que puede surgir si lo interpretamos desde la singular “enseñanza” de Lacan y la experiencia analítica. Cuestiones, por ejemplo, como la culpa o la deuda, quizá excesivamente marcadas por el lastre conceptual existencialista, adquieren nuevas tonalidades cuando no son analizadas ontológicamente, sino desde el planteamiento freudiano de la finitud. Por último, cabría subrayar la fecunda interpretación “topológica” que los autores ofrecen de la filosofía del límite de Eugenio Trías desde este brillante y necesario telón de fondo teórico.
Germán CANO

Exsistencia y sujeto. Jorge Alemán y Sergio Larriera

Reseña de “Exsistencia y sujeto” en LETRA INTERNACIONAL a cargo de Luis Seguí

20070119 10:56

A continuación reproducimos la reseña que Luis Seguí a escrito sobre Exsistencia y sujeto, de Jorge Alemán y Sergio Larriera para LETRA INTERNACIONAL y que ha sido publicado en el nº 93 de la revista.

Penúltima muestra de la provechosa complicidad intelectual que sostienen desde hace muchos años los psicoanalistas de origen argentino Jorge Alemán y Sergio Larriera, Existencia y sujeto supone un paso más en la indagación de largo recorrido iniciada por ambos autores con Lacan: Heidegger: Un decir menos tonto (Ediciones C. T.P., Madrid,1989), obra inaugural de una nueva época en la relación entre filosofía y psicoanálisis en España, una relación que se remonta a las primeras décadas del siglo pasado, que fue interrumpida por la guerra civil y la dictadura franquista, y que ahora se retorna a través de un diálogo fecundo entre pensadores de ambas disciplinas. Como se sabe, las teorías de Freud tuvieron una introducción temprana en nuestro país, pero fueron casi unánimemente rechazadas por los psiquiatras de la época, y recibidas con muchos recaudos por filósofos como Ortega -aunque en 1922 las calificara como «la creación más original y sugestiva que ha cruzado en los últimos veinte años el horizonte de la psiquiatría»-. En realidad, fueron los médicos higienistas y los juristas quienes más se interesaron por aquellas y por su posible aplicación en sus respectivas especialidades, en el contexto de los acelerados cambios sociales que caracterizaron la vida española en los años de la Il República. De otro lado, hay que decir que Sigmund Freud mantuvo hasta el fin de sus días una actitud crítica hacia la filosofía, a la que excluía del campo de la ciencia por su «ilusión de poder brindar una imagen del universo coherente y sin lagunas (…) que por fuerza se resquebraja con cada nuevo progreso de nuestro sabeD>. Por su formación clásica y positivista, y en la pugna por obtener para el psicoanálisis el reconocimiento de su estatuto científico, Freud desconfiaba de las adherencias religiosas que arrastraba la filosofía, y es evidente que, pese a ser contemporáneos aunque de diferentes generaciones, un diálogo con Heidegger resultaba inviable. Hubo de ser la generación de la posguerra, representada en el psicoanálisis por el continuador de Freud, Jaques Lacan, la que hiciera comparecer a la filosofía ante el saber de la experiencia analítica. En esta obra, la homofonía entre existen-cia/exsistencia permite a los autores jugar con la doble acepción y sonido único, como ocurre en alemán con Dasein, el ser-ahí, que reúne el da (ahí) y el sein (ser).Ahora bien, ¿por qué Heidegger? En primer lugar, porque ha sido el filósofo más importante del siglo xx, pero fundamentalmente porque el autor de Ser y tiempo, al interrogarse sobre el ser desde el ángulo de una analítica existenciaria -que. no existencial, porque Heidegger se desmarcó del existencialismo-, percibe que ese ser adviene en el mundo contemporáneo signado por un defecto ontológico, estructural, como consecuencia de haber sido arrojado al mundo, a una existencia deudora y culpable. Si para Heidegger ese estar arrojado, ese estar-en-el-mundo es un estar caído -nada que ver con la llamada «naturaleza caída del hombre», consecuencia, para los cristianos, del pecado original-, muestra el carácter finito y negativo de la existencia, ello significa que esa exsistencia está construida desde la culpa y la deuda. y aquí es donde, precisamente, el pensamiento heideggeriano enlaza tangencialmente con el psicoanálisis, para el que el relato neurótico derivado del mito del asesinato del padre hace comparecer al sujeto como culpable, y donde Lacan sitúa la tachadura subjetiva padecida como falta de ser, en la estructura del lenguaje. «El ser deudor y culpable de Heidegger se encuentra y se reformula en la lógica de Jaques Lacan: ahora es el sujeto del inconsciente el que traduce su falta de ser en términos de culpa y deuda», nos dicen Alemán y Larriera. Pero frente a la hermenéutica del «yo soy» contenida en Ser y tiempo, nuestros autores dedican su esfuerzo a introducir lo que se ha dado en llamar la «página ausente» en la filosofía heideggariana, esto es, el concepto de castración, por cuya vía hacen acto de presencia, en el advenimiento de la subjetividad, la imposibilidad de la relación sexual y los diversos modos de gozar.

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