Entrevista a Jorge Alemán en el Diario argentino Página 12, a raíz de la publicación de Existencia y sujeto
20071022 10:25A continuación os ofereceremos algunos fragmentos de la entrevista a Jorge Alemán que aparece hoy 22 de octubre en el períodico Argentino Página 12, a propósito de la publicación de su obra Existencia y sujeto.
Jorge Alemán ha publicado ya con Miguel Gómez Ediciones cinco títulos: Existencia y sujeto, junto a Sergio Larriera; Derivas del discurso capitalista; Lacan en la razón posmoderna; Lacan:Heidegger. El psicoanálisis en la tarea del pensar, también junto a Sergio Larriera; y La experiencia del fin. Psicoanálisis y metafísica.
Fragmentos de la entrevista de Miguel Rep:
¿La primera vez que se te ocurrió esto de Lacan-Heidegger: estabas acá o en España?–No, estaba en España, a Lacan y a Heidegger los había leído en Argentina, pero a comienzos de los ochenta empecé a leer un libro que no había leído en Argentina que se llama Qué significa pensar. Es necesario aclarar que Heidegger al igual que Lacan son dos autores que tienen una tradición argentina importante. En este aspecto, los dos por distintos motivos fueron relevantes para el despliegue teórico de la Argentina moderna. En ese caso, la conexión fue interpretar dos frases de Lacan en donde, paradójicamente, no nombraba a Heidegger, pero lo involucraba en el más alto grado, como si hiciera caer sobre el texto heideggeriano un martillazo, una puntuación estremecedora a la que le he dedicado varios años. Además, estos dos pensadores, tanto uno como el otro, anhelaban salir de los ámbitos donde se habían constituido como pensadores. Heidegger quería atravesar la filosofía y Lacan quería llevar el psicoanálisis a un nuevo lugar, al menos a un lugar que Freud no había conseguido, a una suerte de “nuevo nacimiento” con respecto a lo que significa leer y escribir. De golpe entendí estas dos cosas a la vez. Entendí que el mundo estaba hecho de filosofía, en el sentido de Heidegger, es decir, la filosofía está presente hasta en la modulación más sencilla de la vida cotidiana, cuando hablamos de nosotros y los otros, de los objetos y nuestra historia, y esto ya no es una mera cuestión de filósofos. Pensar que la filosofía está en relación con el habla común, la experiencia sensible y la vida de todos los días, se lo debo a Heidegger. Pero le debo a Lacan la idea de pensar en las consecuencias de esto; a saber, que toda nuestra relación con la palabra es una relación que tiende a favorecer el dormir o el despertar a medias, casi empeñada en que no despertemos. Es lo que en Heidegger sería metafísica; él habla retroactivamente, inventa y se engaña con respecto a sus fundamentos. Pero esto en Lacan sería ya mostrar que las invariantes de significación que se sostienen en el habla común forman parte de una construcción fantasmática que incluye al sujeto del inconsciente. En los dos hay una gran devoción por la palabra, pero también una gran sospecha. Lo que permitió una conexión fue esto: que el habla juega con nosotros, que somos hablados por el habla, y que a su vez sin embargo somos responsables de esto, resulta inevitable entonces preguntarnos qué hacemos con esto, porque no basta decir como creen algunos filósofos, que estamos atravesados por el lenguaje. Y como te decía antes, lo que más me impactó –tal vez por mis experiencias personales con la poesía– es el enorme respeto por la palabra, la idea en ambos de que la palabra es el único medio para avanzar sobre la vida, sobre la propia existencia y sobre la realidad. La idea de que toda práctica, todo intento de transformar la realidad, están armados con palabras, y a la vez la sospecha sobre la palabra, es decir, la clara convicción de que eso tiene un límite y que la palabra puede ser justamente la vía para dormirnos o para llevarnos a una domesticación que excede lo disciplinario e introduce un control propio de los sistemas del saber-poder contemporáneos. La palabra puede ser la manera de encerrarnos y apresarnos en un campo de significaciones que ya no nos permita pensar nada nuevo.
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Puedo imaginar que eso se vuelve aún más difícil cuando se trata de los autores que vos transitás: Lacan, Heidegger, pensadores que eligieron un estilo de difícil comprensión inmediata.–La respuesta de estos pensadores y otros a los que pude conocer es que no se dejaban intimidar de entrada por la configuración mediática del público. Aceptaron, sin más, pertenecer a discursos que transmitían algo lo suficientemente importante como para decirlo del modo en que lo decían, autorizándose en ellos mismos y sin retroceder. Fueron acusados de “jergosos” y oscuros, pero eso no los intimidaba porque sabían que en esa práctica de la palabra tomaba forma un “claro”, un nuevo tipo de luz, donde a pesar de los rodeos, se llegaba a un lugar nuevo. Al igual que el artista que ya sabe que no se puede pintar un paisaje y su luz más que a través de una ficción geométrica que ha vislumbrado. Es un legado difícil pero muy valioso, el paisaje no puede ser paisajeado, y esto hay que sostenerlo ahora más que nunca cuando la derecha liberal se llena la boca con la “irracionalidad” de Lacan, el estructuralismo, Derrida, en Argentina últimamente tenemos muchos ejemplos de esto, para luego legitimar que la única “racionalidad” es la versión liberal de la democracia y el mercado. Exigen una claridad tramposa para mantener en la oscuridad las estructuras, dispositivos, técnicas, discursos que verdaderamente nos determinan y que son las que merecen ser pensadas. Dicho todo esto, una vez que no ha sido repudiado ese estilo en su verdad, bienvenidos todos los esfuerzos de dilucidación, orden, conceptualizaciones y claridad, pero en el sentido de apertura y no de transparencia mediática al modo de los nuevos intelectuales.
¿Cuando vos vas forjando tu trabajo –y en tu trabajo hay mucha escritura, por ejemplo, en este Buenos Aires dibujada, aparece la ciudad escrita, hay un texto que atraviesa las imágenes–, tenés alguna idea del destinatario de eso?
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¿Este libro, Exsistencia y sujeto, para quién lo hicieron?–En nuestro horizonte problemático está siempre presente una operación constitutiva de las escrituras en Argentina. La determinación por parte de Borges de considerar al original como una “mala traducción” y arrancar a su vez a la traducción de la condena que siempre le pesa, a saber, traicionar al original. Romper con la primacía de lo original y del escritor auténtico y plantear la lectura como un espacio inaugural donde lo original puede ser reescrito, desviado, inventado, atribuido a falsos autores, es lo que nos ha permitido desde un punto de vista intelectual, dislocar el núcleo firme de la relación centro-periferia. Gracias a algunos de nuestros escritores ha podido emerger la Argentina excéntrica, la Argentina lectora, que sabe que las tradiciones pueden ser desviadas, marcadas por escrituras extrañas, recontextualizadas, sin respetar las normativas filológicas o hermenéuticas que las “crédulas universidades veneran”. En este aspecto constituye un anhelo por ser un libro argentino en este sentido formal, no nos dedicamos a justificar el enlace fundado entre un pensador alemán y francés sino que forzamos a ambos a integrarlos a un terreno excéntrico, a un suplemento “antifilosófico” que tampoco alcanza el rango de ser un género nuevo pero que mide el impacto de Lacan y Heidegger y su diseminación. Está hecho para psicoanalistas y filósofos que gusten conjeturar con lo que sucede cuando se desestabiliza el idioma psicoanalítico y el filosófico y los dos puntos que siempre señalan la operación entre Lacan y Heidegger, que vos supiste plasmar tan bien en la ilustración de la tapa, esos dos puntos son tal vez el silencio del que hablábamos antes, un lugar que no puede ser colmado por ninguna significación, una apertura imposible de cerrar entre Lacan y Heidegger, entre Argentina y España, entre lacanianos y filósofos, es también el lugar de la Exsistencia.
–¿Estas diciendo ex-sistencia o existencia? ¿Vos crees que esa experiencia de existencia se utiliza en el psicoanálisis argentino?
–La x de existencia quiere volver patente que lo importante de uno mismo esta afuera de uno mismo, o parafraseando a Lacan, en mí más que yo mismo. Esto va a contrapelo de los reality, los forenses de la televisión, los cuerpos abiertos y desmenuzados y de las captaciones en general de nuestra intimidad como mercancía, resultados todos estos de un “humanismo genético” que se ha vuelto hegemónico y propone encontrar el fundamento de la exsistencia en el ser tratado como un ente objetivado. Por supuesto, creo que analizarse es la posibilidad de salir de uno mismo y tomar contacto con la exsistencia y tratar de extraer un pensamiento sobre la comunidad. Lo “común” no es como lo afirman los liberales un puro intercambio de opiniones a través de un diálogo, más bien es siempre una decisión suplementaria a cualquier diálogo, que tal vez pueda ser construida por la política, cuando esta intenta, a través de sus decisiones, inventar una política para lo que está afuera. En este aspecto debo decir que algunas de las decisiones inaugurales del presidente Kirchner, han constituido para mí y para muchos de mi generación una nueva oportunidad. Después de 31 años en Europa he escuchado y leído muchos relatos donde la historia ha pasado como una topadora y una maldición y no se pudo nunca establecer ninguna política de la Memoria. Por ello no entiendo a los decepcionados que ahora regalan tan fácilmente los pasos que se dieron, lo que esos pasos significaron para la memoria, para los compañeros caídos y para sus familiares. Y en especial por lo que parecía un obstáculo irreductible en la Argentina: construir una Autoridad Política no subordinada a las corporaciones.
Aquí se puede leer la entrevista completa.

