Soledad de los sueños. Crítica a ‘Desconcierto’ de M. Cinta Montagut
20101125 12:32Crítica aparecida en el DIARIO CÓRDOBA,
el Sábado 23 de octubre del 2010, en los Cuadernos del Sur.
Escrito por Juana Castro.
Soledad de los sueños. Nuevo libro de María Cinta Montagut
El tiempo y la escritura. Alguien ve pasar el tiempo y el mundo mientras se abre –otra vez– a la palabra, al deseo y la costumbre de la palabra escrita. Por la soledad contenida, por la melancolía que acecha entre objetos y libros, durante su lectura nos viene al recuerdo el ensayo de Carmen Martín Gaite Desde la ventana, quizá porque el poemario de Cinta Montagut transmite ese ambiente cerrado de la mujer contemplando entre interiores el paso de los otros. El libro respira soledad, y refleja ese momento de la vida en que se hacen cuentas y lo único que se saca en claro es abatimiento, edulcorado por las acciones del quehacer mecánico:
“La tarde me interroga silenciosa
prendida en el tejado ennegrecido
presente en mi ventana”.
Poemas breves, que nunca sobresalen de una página, distribuidos en dos partes centrales más una primera de introducción, que consta de tres textos. Alguien observa las estanterías, los libros, las copas “dispuestas cual soldados en orden de combate”. Son fragmentos de vida, de miradas y de sucesos desprovistos de referencia narrativa, con el hilo conductor de la nostalgia o de lo inevitable que sigue sucediendo. Por ejemplo, en el poema I de la parte III, se narra un suceso sin narrarlo, la atención se dirige únicamente a la noticia telefónica y a lo que hicieron los supuestos receptores de la misma:
“Cuando sonó el teléfono de madrugada
hicimos lo que habíamos previsto: doblamos los pensamientos y la ropa,
dejamos en hilera los vasos y las tazas,
cerramos los postigos y los ojos
y esperamos.
(…)
Siempre llegan así las noticias,
abren profundos agujeros en el sueño
hacen temblar las sábanas dormidas
y provocan heridas en la sombra”.
Se trata de poemas musicales, de construcción y de dicción perfectas, que dirigen y se quedan en lo esencial, aun estando poblados de objetos y aun partiendo de cosas materiales. Y, si no fuera por el poema VII, en la parte II, no tendríamos por qué relacionar la voz poética con la de su autora, pues en el poemario no existen marcas de género:
“Quien no sabe del tiempo y de las horas
no sabe, y tal vez ni sospecha,
que ser mujer dura toda la vida
más allá de palabras que niegan
o falsean la historia”.
Pero, en medio de ese lento acontecer, la mirada se lanza afuera, hacia el mar y los barcos, a las carreteras de los mapas que “esconden aventuras y paisajes”, y el agua que busca la salida o el cauce, de algún modo podría ser la imagen de la aventura, de la libertad que queda fuera, fuera de “la soledad que destilan los sueños”: “Hay que cerrar los ojos y no ver / cómo el agua busca la salida / baja los escalones uno a uno (…) El agua traza siempre caminos / y nunca vuelve atrás”.
Y entre recuerdos que suben a la garganta o domingos por la tarde, se recompone el gesto y se sigue camino adelante: “Hay que vivir serenamente: / tomar el autobús en las paradas / y dar los buenos días / también las buenas noches / si se tercia./ (…) La ciudad es hermosa / y hay que saber vivir serenamente / aunque oculte el asfalto / mil deseos no dichos / y mil gotas de sangre”. La poesía de Montagut se ha ido enhebrando en ocho títulos desde su inicial Cuerpo desunido (1979), Par (1983) o La voluntad de los metales (2006), formando un todo coherente, sobrio, que aquí se adelgaza mientras se adensa, se hace universal y aporta una reflexión a pie de casa, con medios casi domésticos: del paso del tiempo, del engaño del vivir, de la escritura, del envejecimiento y de la proximidad de la muerte en esta lectura amena, de expresión tan fácil como metafísica y profunda.
Desconcierto.
Autora: M. Cinta Montagut.
Edita: Miguel Gómez Ediciones. Málaga 2010.
Juana Castro.







