Soledad de los sueños. Crítica a ‘Desconcierto’ de M. Cinta Montagut

20101125 12:32

Crítica aparecida en el DIARIO CÓRDOBA,
el Sábado 23 de octubre del 2010, en los Cuadernos del Sur.
Escrito por Juana Castro.

Soledad de los sueños. Nuevo libro de María Cinta Montagut

El tiempo y la escritura. Alguien ve pasar el tiempo y el mundo mientras se abre –otra vez– a la palabra, al deseo y la costumbre de la palabra escrita. Por la soledad contenida, por la melancolía que acecha entre objetos y libros, durante su lectura nos viene al recuerdo el ensayo de Carmen Martín Gaite Desde la ventana, quizá porque el poemario de Cinta Montagut transmite ese ambiente cerrado de la mujer contemplando entre interiores el paso de los otros. El libro respira soledad, y refleja ese momento de la vida en que se hacen cuentas y lo único que se saca en claro es abatimiento, edulcorado por las acciones del quehacer mecánico:

“La tarde me interroga silenciosa

prendida en el tejado ennegrecido

presente en mi ventana”.

Poemas breves, que nunca sobresalen de una página, distribuidos en dos partes centrales más una primera de introducción, que consta de tres textos. Alguien observa las estanterías, los libros, las copas “dispuestas cual soldados en orden de combate”. Son fragmentos de vida, de miradas y de sucesos desprovistos de referencia narrativa, con el hilo conductor de la nostalgia o de lo inevitable que sigue sucediendo. Por ejemplo, en el poema I de la parte III, se narra un suceso sin narrarlo, la atención se dirige únicamente a la noticia telefónica y a lo que hicieron los supuestos receptores de la misma:

“Cuando sonó el teléfono de madrugada

hicimos lo que habíamos previsto: doblamos los pensamientos y la ropa,

dejamos en hilera los vasos y las tazas,

cerramos los postigos y los ojos

y esperamos.

(…)

Siempre llegan así las noticias,

abren profundos agujeros en el sueño

hacen temblar las sábanas dormidas

y provocan heridas en la sombra”.

Se trata de poemas musicales, de construcción y de dicción perfectas, que dirigen y se quedan en lo esencial, aun estando poblados de objetos y aun partiendo de cosas materiales. Y, si no fuera por el poema VII, en la parte II, no tendríamos por qué relacionar la voz poética con la de su autora, pues en el poemario no existen marcas de género:

“Quien no sabe del tiempo y de las horas

no sabe, y tal vez ni sospecha,

que ser mujer dura toda la vida

más allá de palabras que niegan

o falsean la historia”.

Pero, en medio de ese lento acontecer, la mirada se lanza afuera, hacia el mar y los barcos, a las carreteras de los mapas que “esconden aventuras y paisajes”, y el agua que busca la salida o el cauce, de algún modo podría ser la imagen de la aventura, de la libertad que queda fuera, fuera de “la soledad que destilan los sueños”: “Hay que cerrar los ojos y no ver / cómo el agua busca la salida / baja los escalones uno a uno (…) El agua traza siempre caminos / y nunca vuelve atrás”.

Y entre recuerdos que suben a la garganta o domingos por la tarde, se recompone el gesto y se sigue camino adelante: “Hay que vivir serenamente: / tomar el autobús en las paradas / y dar los buenos días / también las buenas noches / si se tercia./ (…) La ciudad es hermosa / y hay que saber vivir serenamente / aunque oculte el asfalto / mil deseos no dichos / y mil gotas de sangre”. La poesía de Montagut se ha ido enhebrando en ocho títulos desde su inicial Cuerpo desunido (1979), Par (1983) o La voluntad de los metales (2006), formando un todo coherente, sobrio, que aquí se adelgaza mientras se adensa, se hace universal y aporta una reflexión a pie de casa, con medios casi domésticos: del paso del tiempo, del engaño del vivir, de la escritura, del envejecimiento y de la proximidad de la muerte en esta lectura amena, de expresión tan fácil como metafísica y profunda.

Desconcierto.

Autora: M. Cinta Montagut.

Edita: Miguel Gómez Ediciones. Málaga 2010.

Juana Castro.

Miguel Gómez Ediciones en las redes sociales

20101123 21:07
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Las fronteras de yo. Crítica a ‘Desconcierto’ de M. Cinta Montagut

20101116 01:14

El Perseguidor nº 16
del sábado 23 de octubre de 2010.

Las fronteras de yo, escrito por
Federico Gallego Ripoll

Con Desconcierto, Mª Cinta Montagut ejecuta un giro más en su movimiento centrípeto de constatación poética de un yo vulnerable. Ningún poeta verdadero, tampoco Mª Cinta, es dueño del paisaje por donde transita. Su función es la de revelárnoslo como si fuera contemplado por ambos al unísono, y por primera vez. Todo poeta verdadero, también Mª Cinta, nos implica en su propio trayecto haciéndonos partícipes de lo experimentado poéticamente, trasladando el centro de gravedad del hecho poético desde el yo que asume la escritura como un gesto generador de experiencia (la palabra conoce conociendo), al yo que percibe lo escrito como una evidencia compartida (el lector expande su realidad asumiendo el poema, instalándolo en su propia capacidad de empatía y emoción).

Desde su primer libro de 1979, Cuerpo desnudo, hasta este Desconcierto tan bellamente editado por Miguel Gómez en Málaga, el trayecto realizado a través de sus nueve entregas por Mª Cinta Montagut, se ha ido formalizando, de manera decidida, en pos de un aquilatamiento de pocas pero firmes premisas, que son el hilo conductor de toda su poesía. Aspecto primordial en ella es la importancia de la escritura como lugar donde hace residir al yo, como terreno propio, resguardado, desde el que establecer su diálogo con el mundo. Así la ciudad y el paisaje, el amor anhelado, la compañía… en cuanto lo externo, aparecen como oposición al ser, y cuya confrontación, territorio también de su poesía, es la frontera, el límite, lo que comunica y distancia: lo que destaca y contrapone el yo frente a lo otro.

En Desconcierto, ya desde la primera parte, se instaura la escritura como única posibilidad de refugio. La palabra, la tinta, las letras, el libro, son el agua profunda en cuyo fondo reposa el metal que devuelve la imagen real de la poeta. La asunción de la verdad cotidiana como trasunto de la verdad poética, que es en la que la poeta se reconoce, y la que comparte, trastoca el orden habitual de preeminencias. Es en la memoria escrita donde reside ese núcleo de identidad que quiere preservar y transmitir. Y lo hace integrando sus límites en la propia creación: esa triple frontera en la que establece la dialéctica de su poesía; una triple frontera que es el territorio donde se constituye y comunica, desde donde toca y llama, donde recibe y asume.

La primera de estas tres fronteras es el propio cuerpo, entendido como una realidad dilatada que experimenta la sensación de vivir desde distintas y concéntricas lindes (la física, la emocional, la intelectual, la trascendente). Así todo lo vivido, lo intentado, lo soñado, lo recordado, sucede en el presente rotundo del poema, cuando la voz de la poeta conjura deseos, insatisfacciones y logros, en una realidad tangible cuyo ámbito de experiencia es el de la casa, el de la habitación, trasunto íntimo del propio yo expandido de la autora, que implica su experiencia en su discurso. La casa se establece como parte de ese yo expandido, centro, referencia, ancla, ágora donde todo confluye, donde es preciso que todo esté para ser y, en ella, los objetos cotidianos enumerados como parte de la propia identidad de la autora.

Las alusiones al paisaje siempre parecen ser establecidas desde la ventana: segunda frontera. La casa es el yo-refugio desde el que contempla “en la ventana del mundo, el transcurrir del tiempo”. También los exteriores se constituyen como recinto estático: los barcos huyen, los niños lloran y el rojo se difumina. Contemplar un paisaje es advertir que la vida sigue, pero que el sueño se ha detenido frente al mar, y es la memoria el territorio donde se cumple la realidad deseada. Porque también la mirada toca y asume.

Y, por fin, aparece el tiempo, en tercer lugar, también como frontera física, como territorio que hay que delimitar de manera continuada porque sus perfiles son siempre cambiantes: el tiempo y el tiempo diario, la permanente alusión a la hora del día, como dando fe de que ahora, en este momento, se vive; el tiempo es una frontera que se extiende también a ese límite en el que la poesía transcurre, que es el de las horas intermedias, cuando la luz decrece para ofrecer la noche como territorio de la verdad frente al día confuso; lugar de la palabra donde cristaliza el deseo de comunicación como afirmación de la propia estima y la sublimación del sentimiento, que se concreta más en el recuerdo, el sueño o el deseo, que la poeta instaura en su universo cotidiano para que adquiera carnalidad.

Escritura, cuerpo, casa y tiempo. Estos elementos, presentes en toda su obra, adquieren en Desconcierto mayor preeminencia al resolverse en más insistentes, como si esa verdad poética le fuera aproximando a su propio centro en un viaje circular, centrípeto, en el que se ha ido desapegando de cuanto no le resultara fundamental. Su poesía cristaliza a través de un discurso articulado que se ofrece a manera de visión fragmentada de una realidad ininterrumpida, que transcurre en ese escenario único que es el yo y sus fronteras. La poesía -sin títulos- se produce entonces no como objeto delimitado, sino como iluminación de un segmento de la estancia o de la historia, un instante compartido que habla de un antes y un después, siendo la forma en que aparece una porción mínima de una realidad que le sobrepasa.

Y aunque siga prevaleciendo en su verdad la afirmación de que lo más importante es siempre lo invisible, se rescata la vida, su constatación, desde el hecho de nombrar los pequeños objetos cotidianos, sus detalles, que son testimonio de su realidad y que a veces se integran en auténticos autorretratos, como la descripción de sus manos. Nada se oculta, todo es natural, y Mª Cinta Montagut se propone “acercarse a las cosas”. Es posible que perder el miedo a las cosas conlleve el perder también el miedo a uno mismo. Quizás el “desconcierto” de este libro sea la hermosa búsqueda inútil de ese instante de luz en que el tiempo se hace eterno, y en él nosotros; las fronteras se disuelven, y las palabras de Mª Cinta Montagut son la vanguardia del ser que intenta el gesto. Asumiéndolas, podemos, como lectores, traspasar la frontera. Porque todo poeta auténtico escribe también desde nuestra realidad. Y por ello no somos ajenos a cuanto se comparte desde este libro.

Relatos de Oriente Medio, de Yorgos Filipu Pieridis

20101108 23:19

Relatos de Oriente Medio, yorgos Filipu Pieridis

Colección: Café Aérides
ISBN: 978-84-88326-66-9
Páginas: 152
Fecha de edición: 2010-10-15
Encuadernación: Rústica
Traducción: Eva Latorre Broto
PVP: 12.50 €

Yorgos Filipu Pieridis (Dali, 1904 – Nicosia, 1999) constituye una de las figuras cumbre del panorama literario chipriota. Pasó la primera mitad de su vida en Egipto, país al que sus padres emigraron siendo él un niño, y regresó a Chipre de manera definitiva en 1946. Formó parte de la próspera y numerosa colonia griega de Egipto en su periodo de mayor esplendor, cuando escritores como Constantino Cavafis y Nicos Nicolaidis, entre muchos otros, iluminaban la vida intelectual y literaria griega en el país del Nilo hasta el punto de que Yorgos Seferis llegó a decir de Alejandría que era la gran metrópolis del Helenismo.

La guerra de Albania, la invasión alemana, la ocupación de Grecia y el establecimiento del gobierno griego en El Cairo conmocionaron a la hasta entonces tranquila comunidad griega de Egipto, entre la que predominaban las ideas progresistas y liberales y a la que el rey Jorge II y su manera de afrontar la política tampoco inspiraban confianza alguna. El abierto intrusismo británico en la política griega, las continuas corruptelas e intrigas del gobierno, más pendiente de volver a instalarse en la futura Grecia libre que de intentar liberarla, y las Fuerzas Armadas Griegas, sometidas a una exasperante inactividad y disciplina en acuartelamientos remotos mientras la guerra se estaba librando en su propia tierra, no podían dejar indiferente a una comunidad que había cobrado conciencia de lo que todo esto significaba. Con el fin de aunar los esfuerzos civiles para aliviar las penurias extremas que se estaban viviendo en la Grecia sometida y contribuir en lo posible a la liberación, en enero de 1943 se funda en El Cairo, Alejandría y Port Said la Liga Griega de Liberación [EAS, Ελληνικός Απελευθερωτικός Σύνδεσμος], de la que Pieridis fue un activo colaborador a pesar de vivir en una zona rural del Egipto interior debido a su trabajo en la industria del algodón. Allí empezó su actividad literaria, primero con escritos en el periódico El Griego [Ο Έλλην] y posteriormente en la editorial Horizontes [Ορίζοντες], que surtía de libros a los soldados griegos de Egipto. Para ellos escribió su primera y celebrada obra, Los algodoneros (Alejandría, 1945), reconocida con el premio Margarita Griva, que a su vez fue la primera obra griega que se hacía eco de la dura realidad del campesino egipcio. Su personaje protagonista, Nicos Lecás, servirá de nexo de unión con su segundo libro, la presente colección de narraciones breves Relatos de Oriente Medio.

Publicados en Famagusta en 1949, cuando la guerra civil en Grecia todavía daba sus últimos coletazos y Chipre aún era colonia británica, los Relatos de Oriente Medio tienen, por un lado, el mérito de ser el reflejo coetáneo de unos acontecimientos por los que la Historia oficial sigue pasando prácticamente de puntillas y, por otro, la inmediatez emocional de lo que todavía humea grabado a fuego en la memoria. Y si bien Pieridis insiste en que sólo vivió estos sucesos desde fuera, lo cierto es que los sufrió muy adentro: su hermano Costas fue uno de los cuatro soldados condenados a muerte por la revuelta de julio de 1943 —aunque resultó indultado después— y él mismo fue detenido por los ingleses después de haber tomado parte en las manifestaciones masivas de El Cairo en abril de 1944, pudiendo convivir así durante algunos días con los soldados griegos en los cuarteles y ver desde dentro cómo se desarrollaba su vida allí.

Nadie mejor que Yorgos Filipu Pieridis, pues, para tirar de este pequeño retal de historia que se quedó enganchado entre las bambalinas del inmenso escenario en el que transcurrió la II Guerra Mundial.

Eva Latorre Broto

Néstor Kirchner. Un hombre de verdad

20101029 17:29

Por Jorge Alemán *
Todas las llamadas telefónicas que hice a Argentina quedaban interrumpidas. Se trataba de un llanto distinto, de diversos registros, habitado por un dolor único e incomparable. No moría un ex presidente. No se trataba sólo de eso. Más bien comenzaba un vértigo que nunca había visto tomar forma en la Argentina actual.

En todos estos años Kirchner ha sido la Política en su experiencia más digna, ha sido la apuesta más extrema, la pregunta que había que recorrer en todas sus consecuencias, la interpelación en la que cada uno tenía que tomar su posición. Cualquiera de sus gestos desembocaba en una épica que permitía vislumbrar una nación posible. Kirchner era el torbellino que por fin atravesaba la inercia mediocre en la que la política argentina había jugado sus bazas: iba siempre más lejos que la sociedad civil y obligó a los llamados intelectuales a reconsiderar de nuevo la verdadera eficacia de sus recursos teóricos: sin él, no se hubieran escrito muchos libros, ni abierto muchas puertas, ni se hubieran inventado muchos de los caminos que ahora se recorren. Imposible hacer ahora el recuento de todas las transformaciones que surgieron gracias a su voluntad política: prefiero sólo demorarme en la generosidad de su voluntad inclaudicable, en el cuidado de la misma por sostener una visión histórica que siempre iba más allá. Qué gran privilegio haber sido su contemporáneo y enorgullecerse al comprobar que en el concierto de los políticos existió un argentino que nunca quiso saber nada de las astucias de la dimisión.

Hoy es un día en que no se puede dejar de llorar, pero esta emoción inabarcable por primera vez la siento teñida de un dolor patriótico. Hasta hoy, confieso que nunca había tenido una comprensión cabal de lo que implica un dolor semejante. Porque en esa tristeza aparece la fuerza de un Legado que exige por fin asumir un antes y un después en la Argentina.

Se ha muerto un hombre de la verdad en la época de los simulacros. Esa verdad exigirá tarde o temprano nuevos testimonios.

Esta Presidenta ahora transita por un dolor sin límites y deberá ser acompañada hasta el confín de ese legado. Ella y él hicieron nacer una nueva manera de ser argentinos, de indagar su historia y de abrirla al mundo. Que la luz de nuestros caídos, que la decisión que alumbra nuestras banderas, que el dolor de cada uno se transformen en la nueva plataforma que propicie esta nueva experiencia de la Argentina, donde por fin se sepa quiénes somos en nuestro continente y en el mundo. La última vez que escuché a Kirchner recuerdo cómo cada una de sus palabras deshacían la retórica y se volvían cercanas y ciertas, tocadas por una Voluntad que sólo habita en el que sabe lo que es un destino y cómo se juega en la suerte de una Nación.

Este duelo que se inicia con la fuerza que sólo tienen las pérdidas verdaderas es el nuevo fuego, el nuevo torbellino que finalmente sabrá nutrir la lucha renovada, la única respuesta posible a la altura de nuestro Hombre de Estado, el que con su valentía y generosidad invitó por fin a los argentinos a separarse de los canallas que quieren matar la apuesta por ser argentinos y latinoamericanos con soberanía y dignidad.

* Consejero Cultural de la Embajada Argentina en España.

Publicado el viernes 29 de octubre de 2010 en ‘Página12′ de Buenos Aires

Novedad editorial: Los Algodoneros. De Yorgos Filipu Pieridis

20101029 01:18

Los Algodoneros. De Yorgos Filipu Pieridis

Colección: Café Aérides
ISBN: 978-84-88326-65-2
Páginas: 152
Fecha de edición: 2010-10-16
Encuadernación: Rústica
Traducción: Eva Latorre Broto
PVP: 12.50 €
El autor y la obra: Yorgos Filipu Pieridis y Los algodoneros.

A principios del siglo xix, cuando Egipto todavía era una provincia otomana, el bajá Mehmet Alí ofreció ventajosas condiciones a todos los extranjeros que quisieran venir a establecerse allí con el fin de modernizar la agricultura del país, activar la economía e iniciar la industrialización. Ingleses, franceses, italianos y griegos, entre otros, aceptaron la invitación y terminaron constituyendo comunidades de gran poder económico. Dedicada principalmente al comercio y a los negocios, la comunidad griega en concreto alcanzó tan alto grado de prosperidad que le permitió crear su propio mundo, hermético y autosuficiente, en el que los contactos con su entorno eran los mínimos imprescindibles y limitados siempre a los grupos de origen europeo.
Asentada en las principales ciudades de Egipto, la ya muy numerosa colonia griega disfrutaba de su mejor momento en la primera mitad del siglo xx. Su esplendor se reflejará también en su vida intelectual: escritores como Constantino Cavafis, Glafcos Alicersis y Nicos Nicolaidis encabezaban una agitada actividad cultural y editorial tan brillante que el propio Yorgos Seferis llegó a decir que Alejandría era la gran metrópolis del Helenismo. En efecto, teniendo Grecia como su referente más inmediato pero sin sufrir las convulsiones políticas y sociales que se dieron allí en el periodo de Entreguerras —la Catástrofe de Asia Menor, los vaivenes entre república y monarquía, la dictadura de Metaxás—, con plena conciencia de su propia diferencia, su vida transcurría tranquila y ajena por completo a las realidades del país que les había acogido y que seguían sintiendo extranjero. Si algún escritor había elegido Egipto como tema de inspiración para sus obras, se había limitado a verlo desde fuera quedándose en la superficie de su impresionante historia y evocando el exótico pintoresquismo de sus tipos y gentes, sin profundizar ni en su problemática real ni en sus propias relaciones con ellos.

El estallido de la II Guerra Mundial, la ocupación nazi de Grecia en 1941 y el establecimiento del gobierno griego en el exilio con el rey Jorge II bajo la protección directa de Winston Churchill hicieron pedazos el autocomplaciente aislamiento de la colonia griega del Nilo implicándola en unos acontecimientos de los que resultaba imposible escapar. La reorganización del ejército griego en Egipto bajo las órdenes del Alto Mando británico, así como el reclutamiento de jóvenes griegos de Egipto para incorporarlos a filas, supuso que soldados que habían luchado en el frente de Albania y que habían ofrecido resistencia durante la invasión alemana introdujeran a los griegos de la colonia en la realidad del mundo exterior, provocando un enorme cambio de perspectiva ideológica.

Si bien algunos de los integrantes de la colonia optaron por el partido del rey Jorge, que pretendía dejar la liberación de Grecia a los Aliados para después reinstaurar la monarquía tal y como estaba antes del inicio de la invasión, otros, la mayoría, no olvidando que el rey había cedido el poder a la dictadura militar del general Ioannis Metaxás, adoptaron la postura del grueso de las tropas de más bajo rango, que exigían volver al frente con el fin de participar en la liberación e implantar después un gobierno que gozara del apoyo popular. Éste fue el origen de los trágicos enfrentamientos que se produjeron entre 1943 y 1944 en el seno de la Fuerzas Armadas Griegas de Oriente Medio y que condujeron a su disolución y a su total integración en las Fuerzas Armadas británicas. Ya no llegaba prensa de Grecia, y la que se producía en Egipto estaba prácticamente al servicio de la oficialidad.

Un grupo de jóvenes progresistas consigue hacerse con un viejo periódico, El Griego de Egipto [Ο Αιγιπτιώτης Έλλην], que, con el título simplificado de El Griego [Ο Έλλην], comienzan a editar en El Cairo como único órgano de expresión contrario a la postura oficial. Entre sus colaboradores se encontraban Zodosis Pieridis, hermano del autor, y Stratís Tsircas, entre otros. Yorgos Filipu Pieridis enviaba sus artículos desde Samalut, un pequeño pueblo del Alto Egipto donde se encontraba destinado por la empresa algodonera para la que trabajaba, y donde se sentía dolorosamente arrancado de la difícil realidad del momento en la que él hubiera querido participar de forma más activa. Ante la insistente demanda de los soldados griegos, a quienes sólo se les proporcionaba como lectura novelas románticas y pornográficas de ínfima calidad, los redactores y colaboradores de El Griego toman la decisión de abrir en Alejandría la editorial Horizontes [Ορίζοντες], a donde también se trasladó la sede del periódico. Horizontes dio a la luz una serie de libros, en ediciones muy baratas y asequibles, sobre temas de actualidad que difícilmente llegaban al gran público.

Debido a que Pieridis era el único de sus colaboradores que conocía de primera mano la situación en el campo egipcio y las relaciones entre los colonos extranjeros, los beys locales y la población rural, la editorial le pidió que escribiera algo sobre la vida en Egipto. «Comencé a lanzar ideas sueltas sobre el papel —dice el autor en sus Memorias— y así nacieron Los algodoneros». Publicada en Alejandría en 1945, la primera novela de Pieridis (aunque él tardó muchos años en darle ese apelativo debido a su carácter de mosaico casi impresionista) alcanzó un éxito inmediato en los círculos griegos de Egipto no sólo por su originalidad literaria, sino porque, gracias a las vivencias del propio autor, abría una temática nueva, insospechada hasta entonces, sobre las relaciones entre egipcios y griegos. Yorgos Filipu Pieridis, aunque nacido en Chipre, pasó la primera mitad de su vida en Egipto, donde sus padres emigraron siendo él un niño, y regresó a la isla de manera definitiva en 1946. La concesión en Alejandría del premio literario Margarita Griva que logró gracias a Los algodoneros dio ánimos a Pieridis para continuar con su labor literaria una vez asentado en Chipre.

El protagonista de Los Algodoneros, Nicos Lecás, servirá de enlace narrativo con su segundo libro, Relatos de Oriente Medio, publicado en Famagusta en 1949, donde recoge las vicisitudes sufridas por el ejército griego en Egipto bajo las órdenes del mando británico después de su sublevación y disolución. Su Tetralogía de los Tiempos, recopilación de cuatro libros de relatos breves que reflejan la vida en Chipre desde que era colonia británica hasta la invasión de Turquía en 1974, le han situado entre las figuras cumbre del panorama intelectual chipriota, a cuyo enriquecimiento continuó contribuyendo hasta el final de su vida tanto a través de la literatura como del periodismo y otras actividades culturales.

Yorgos Filipu Pieridis falleció en 1999 en Nicosia a los 96 años edad, dejando atrás un lúcido testimonio de su tiempo.

Presentación de ‘Desde Lacan : Heidegger’ de J Alemán y S. Larriera y ‘Nudos & cadenas’ de S. Larriera

20100604 16:17

         

sábado 5 de junio 2010, 20.00 horas
Sede ELP Málaga
Alcazabilla, 14, 2º D.
29015 Málaga

INTERVIENEN

Manuel Montalbán
María Navarro
Jorge Alemán
Sergio Larriera

se ofrecerá una copa de cava al terminar el acto

Coloquio internacional: Inconsciente y filosofía. Una nueva manera de pensar lo político

20100521 19:03

fecha 27 de mayo 2010

lugar Colegio de España. 7E Bd, Jourdan. París

participan

JACQUES-ALAIN MILLER

MARKOS ZAFIROPOULOS

JOSÉ LUIS PARDO

JORGE ALEMÁN

tema La estrecha vinculación entre el individuo y el campo social, ya señalada desde las primeras elaboraciones filosóficas, fue radicalmente afectada a comienzos del siglo XX con  la entrada en escena del inconsciente freudiano. Si bien el fundador del psicoanálisis dedicó parte de su obra a desentrañar este “mutuo” pertenecerse y afectarse del sujeto y lo social, su teoría accionó una nueva manera de pensar el espacio público y los mecanismos que aparentemente “insabidos” determinaban la manera de vivir-juntos-de-los-hombres. Desde la Escuela de Francfort hasta el llamado post-estructuralismo francés, pasando por la antropología y la lingüística, la premisa del inconsciente ha servido para reproblematizar desde distintos ángulos (muchas veces enfrentados), el creciente malestar que la cultura y su estructura económica imponían sobre el cuerpo tanto del sujeto individual como del sujeto colectivo. Es por ello el objetivo de estas jornadas retomar el análisis y las consecuencias que, en el pensamiento del siglo XX, se desprendieron de la emergencia del texto inconsciente y de sus distintas lecturas que han servido para pensar “de otra manera” lo político-ontológico propio del ser humano.

Novedad editorial: ‘Nudos y cadenas’ de Sergio Larriera

20100519 20:50

Nudos y cadenas

Este texto materializa el esfuerzo de esclarecimiento y transmisión que Sergio Larriera desarrolló en el curso 2008-2009 en el marco del Seminario del Campo Freudiano de Valencia.
Su gusto por la topología y su rigor en la investigación del uso particular que Jacques Lacan hace de ella en su enseñanza ya fue conocido por nosotros en este mismo marco en 1997. Fruto de doce años de trabajo es el presente libro que con toda seguridad será de gran utilidad para los estudiosos de la enseñanza de Lacan, ofreciéndose como un valioso instrumento para sus lectores y proporcionando claves de lectura de los nudos y las cadenas en el Seminario 23. El Sinthome de Lacan.

Miguel Ángel Vázquez
Colección: Ítaca
ISBN: 978-84-88326-77-5
Páginas: 96
Fecha de edición: 2013-04-20
Encuadernación: Rústica
PVP: 25.00

Feria del Libro de Antequera

20100416 10:34

Miguel Gómez Ediciones  estará presente en la Feria del Libro de Antequera, que se celebra del 15 al 18 de abril y que se encuentra dentro de los actos de la Semana de la Edición y la Literatura Independiente (SELIN). La feria incluye mesas redondas con escritores, presentaciones de obras literarias, recitales de poesía, actividades de animación.

Mas información:

La Semana de la Edición y la Literatura Independiente (SELIN) se celebra en Antequera del 12 al 18 de abril, dentro de los actos del VI Centenario de la Incorporación de la Ciudad a la Corona de Castilla.

FECHA: del 15 al 18 de abril de 2010
LUGAR: Paseo Real, frente a la Plaza de toros
WEB: www.selin.es