Cruzar el cerebro y la palabra: conversación con un ensayista

Mateo Aldama es uno de esos pensadores que se mueven con naturalidad entre la mesa del laboratorio y la mesa de lectura. Ensayista, doctor en neurociencias por la Universidad Autónoma y máster en filosofía por Salamanca, lleva una década publicando textos donde la cognición se cruza con lo corporal y donde la prosa se deja iluminar por la plasticidad sináptica. Hace unas semanas conversamos con él en una cafetería del centro de Málaga, antes de su participación en un encuentro organizado por la editorial que hoy nos acoge, y donde próximamente aparecerá su nuevo libro.

En Miguel Gómez Ediciones hemos seguido de cerca su trayectoria porque encarna una de las líneas más fértiles de nuestro catálogo: la reflexión que cruza la neurociencia con las humanidades. Su voz resulta especialmente valiosa en un momento en que las disciplinas vuelven a buscarse, en busca de un lenguaje común que no traicione ni la complejidad del cerebro ni el espesor del sujeto que escribe. Por eso quisimos abrir esta conversación al público de la casa, como parte de un ciclo de entrevistas a autores que ensayan entre el pensamiento y el saber.

Los años de formación entre dos orillas

Aldama creció entre los manuales de biología del bachillerato y las novelas que su madre dejaba sobre la mesilla. Esa doble biblioteca temprana dejó una huella que se haría explícita mucho después, ya en la universidad. Primero se acercó a la medicina, atraído por la pregunta por el cuerpo, pero el interés se desplazó pronto hacia la pregunta por la mente, y luego por el lenguaje con que esa mente intenta comprenderse. La carrera de neurociencias le dio herramientas para pensar la percepción, la memoria y la emoción; los estudios filosóficos le dieron herramientas para pensar el lenguaje, la ética y la historia de las ideas.

Recuerda con precisión el seminario donde un profesor de fenomenología leyó un fragmento de Merleau-Ponty y un paper de Damasio en la misma sesión, sin distinguir a priori. Esa tarde, cuenta, decidió que su trabajo consistiría en habitar esa frontera movediza. Una frontera que no busca resolver la vieja disputa entre ciencias naturales y ciencias humanas, sino sostenerla como espacio productivo. Esa decisión fue, en sus palabras, lo que más le marcó como ensayista.

Entre sus lecturas formativas, Aldama suele citar un puñado de obras que le acompañan desde aquellos años:

El ensayo como laboratorio de ideas

Para Aldama, el ensayo no es un género menor ni un simple vehículo de divulgación. Es un laboratorio donde las hipótesis se prueban en público, donde la prosa es a la vez instrumento y objeto de estudio. Frente al paper, que exige resultados cerrados, el ensayo permite dejar abiertas ciertas preguntas; frente al tratado filosófico, exige concreción y peso de evidencia. Por eso su escritura combina la cita científica con el fragmento narrativo, la nota al pie con la digresión autobiográfica, y el dato empírico con la metáfora controlada.

Lejos de considerar esa mezcla una debilidad, Aldama la presenta como un compromiso con la complejidad. Cada capítulo de su libro más celebrado alterna entre páginas sobre plasticidad neuronal, sobre la melancolía en la poesía de Cernuda y sobre una escena familiar donde su abuela olvidaba los nombres. Esa arquitectura híbrida exige al lector un esfuerzo distinto al que pediría un ensayo disciplinar, y el propio autor lo asume sin esfuerzo aparente. "Escribir así —dice— me obliga a leer mejor, y leer así me obliga a escribir mejor".

La frontera movediza entre datos y sentido

Una de las discusiones centrales de su trabajo es cómo relacionar los datos que ofrece la neurociencia con los significados que construyen las humanidades. Aldama desconfía de las explicaciones reduccionistas, pero también de las humanidades que ignoran los avances en neuroimagen o en biología molecular. Propone, en cambio, una conversación paciente entre registros: una conversación donde el dato no explica el poema, pero puede iluminar algo en él; donde el poema no anula el dato, pero puede darle un contorno humano.

Esa postura matizada contrasta con dos tradiciones que el ensayista suele discutir. Una es la tradición más naïf del "neuromarketing" cultural, que toma prestado el vocabulario de las neurociencias para adornar argumentos vagos. La otra es la tradición más defensiva de las humanidades, que ve en cualquier dato empírico una intrusión en su territorio. Frente a ambas, su propuesta defiende la conversación, pero también delimita su alcance: hay preguntas que el dato no puede responder, y hay preguntas que la lectura crítica no puede sustituir.

Enfoque Punto de partida Método principal Relación con la experiencia
Neurociencia cognitiva Cerebro y sistema nervioso Experimento, neuroimagen, modelos computacionales Cuantitativa, medible, replicable
Psicoanálisis Sujeto, inconsciente, transferencia Asociación libre, interpretación, caso clínico Cualitativa, singular, transferencial
Crítica literaria Texto, tradición, contexto Hermenéutica, lectura cercana, comparatismo Interpretativa, histórica, situada
Ensayo híbrido de Aldama Cruce entre ejes Diálogo entre fuentes, analogía, pregunta Reflexiva, abierta, provisional

Ese cuadro comparativo, que el autor suele dibujar en sus talleres, no jerarquiza saberes. Sirve para mostrar que cada aproximación tiene sus preguntas legítimas y sus límites, y para recordar que el orden de las disciplinas no es el orden del mundo.

Cuatro nudos temáticos de su pensamiento

El trabajo de Aldama orbita alrededor de cuatro nudos temáticos recurrentes. El primero es la memoria, donde dialoga con Bergson y con los estudios sobre el hipocampo. El segundo es la emoción, donde lee a Damasio junto a los místicos españoles del siglo XVI. El tercero es el lenguaje, donde combina a Chomsky y a los formalistas rusos. El cuarto es la atención, donde se interesa tanto por la atención selectiva de los neurocientíficos como por la atención contemplativa de ciertas tradiciones filosóficas orientales.

Esa recurrencia no es capricho. Para él, esos cuatro nudos son los lugares donde la pregunta por el sujeto se vuelve más densa, y donde las ciencias y las letras pueden cruzarse con mayor fecundidad. Cada nudo ha dado lugar a un ensayo largo: la memoria dio el libro sobre Proust y los recuerdos involuntarios; la emoción, el volumen sobre Juan de la Cruz; el lenguaje, un trabajo sobre la sintaxis del haiku; la atención, un cuaderno en preparación sobre la lectura lenta.

Leer el cerebro, leer el poema

Una de las secciones más celebradas de su obra es aquella donde lee ensayos de neurología clínica junto a poemas de Anne Carson. No busca reducir la poesía a su base neural, ni explicar el cerebro con metáforas poéticas. Busca la resonancia entre dos lenguajes que se ocupan, cada uno a su manera, de la forma en que un sujeto se dice a sí mismo y dice el mundo. Esa práctica de la lectura cruzada la aprendió, según cuenta, en los años en que traducía poesía por las mañanas y leía neurociencia por las tardes, una disciplina doble que enseña lo que ningún curso formal podría enseñar.

Aldama conoce bien el trabajo de quienes han traducido a Carson al castellano, y valora especialmente la entrevista al traductor, donde se abordan los dilemas de llevar al español una obra que se construye sobre la economía verbal y la ambigüedad sintáctica. Para Aldama, esa economía verbal de Carson es una forma de atención extrema, y esa atención extrema es, también, una forma de conocimiento.

La voz crítica en la era digital

Preguntado por el papel del ensayista en la era de las redes sociales y los textos breves, no responde con respuestas complacientes. Más bien señala que la brevedad algorítmica amenaza la posibilidad misma del ensayo, porque el ensayo requiere tiempo sostenido. Pero también ve, en ese paisaje, una oportunidad: la posibilidad de recuperar una atención profunda que las pantallas dispersan. Por eso defiende una escritura que no renuncie a la complejidad, y una lectura que no renuncie al silencio. Esa defensa la hace sin nostalgia, y con la conciencia de que cada época ha tenido sus propias formas de distracción.

Añade que las redes sociales no son el enemigo, sino un síntoma. El verdadero enemigo, dice, es la prisa, una prisa que privatiza el mercado de la atención. Contra esa prisa, el ensayo es uno de los pocos géneros que aún exige tiempo, y por eso sigue siendo, en sus palabras, lo que más le importa cultivar.

Próximos pasos y horizontes

Aldama trabaja ahora en un ensayo sobre la atención en la era digital, donde dialoga con Byung-Chul Han y con las últimas investigaciones sobre el llamado "deep work". El libro, que aparecerá en otoño con Miguel Gómez Ediciones, incluirá un epílogo escrito a cuatro manos con una neurocientífica, que firma una de las páginas más experimentales del volumen.

Mientras termina ese libro, prepara también una conferencia en un foro internacional dedicado a la recuperación de la atención, donde dialogará con poetas, músicos y neurocientíficos sobre los límites de la atención. Quienes deseen seguir de cerca estas conversaciones pueden consultar la programación de parliament lit, donde se anuncian los próximos invitados y los textos que se discutirán.

El primer capítulo del nuevo ensayo se publicará en el boletín de la editorial la próxima semana, antes de su aparición en papel en otoño.